jueves, 8 de agosto de 2024

Traición: Sinopsis

Aquella chica gordita y tímida del instituto de Lynwood se había marchado a la gran ciudad después de la graduación... y volvió diez años más tarde convertida en una estilizada y elegante madre soltera. 


Todo el pueblo se había quedado boquiabierto con la transformación de Paula Chaves, pero a ella sólo le preocupaba la reacción de un hombre... Nunca podría olvidar el baile de graduación en el que había entregado su inocencia al guapísimo y popular Pedro Alfonso. Poco después había descubierto que él sólo había estado con ella para ganar una apuesta... Y, además, la había dejado embarazada. ¿Durante cuánto tiempo podría guardar aquel secreto? Y sobre todo, ¿Cuánto tiempo podría mantener su corazón a salvo de aquel encantador traidor cuando sus deseos le decían que no se resistiera más? 

martes, 6 de agosto de 2024

Secreto: Capítulo 54

 —Bien… —se puso en pie y se quitó los guantes de jardinería y la tierra de las rodillas.


—¿Puedo hablar contigo?


En su rostro apareció un gesto de cautela y por un momento él creyó que iba a decirle que no, y no podría culparla después de la forma en que la había tratado la última vez que habían estado juntos.


—Claro. ¿Te importa que vayamos al porche de atrás? Llevo varias horas al sol y me noto un poco mareada.


Él la siguió hasta el porche y se sentó frente a ella en una mesa de jardín. En sus ojos había cierta reserva que le hizo pensar que quizá había esperado demasiado. El pensamiento de haber perdido a Paula para siempre le retorció el estómago. Ella lo miraba, esperando que dijera lo que tuviese en la mente. Él se aclaró la garganta y dijo:


—Creí que te irías de Danby después de tu debut con el catálogo — puso un poco de humor en su voz.


—Pensé en ello —dijo completamente seria.


—¿Qué te detuvo? —necesitaba conocer sus razones para quedarse.


—Llegué a la conclusión de que no podía escapar de mi pasado y de lo que he hecho cada vez que ese catálogo de lencería aparezca en algún sitio. Y me dí cuenta de que si me iba, solo alimentaría el cotilleo y empañaría lo que hemos compartido, y eso es algo que no permitiré que suceda.


Pedro se quedó anonadado por lo que ella había hecho por él, por ellos, así como por la profundidad de su amor y sus sentimientos.


—No puedo permitir que mi pasado dicte mi futuro o mi felicidad personal nunca más. Mi madre siempre me predicó la respetabilidad, pero me he dado cuenta de que para ser respetable tengo que empezar por respetarme a mí misma. Y lo hago. Esto es lo que soy, Pedro, fallos y errores, y todo lo demás, y tengo la esperanza de que la gente de Danby me aprecie por Paula la persona, no Paula la modelo de lencería.


Y a juzgar por lo rápidamente que había acabado el cotilleo, parecía que Paula estaba en camino de conseguir su objetivo.


—Te debo mis disculpas, Paula.


—¿Por qué? 


Extendió la mano sobre la mesa para tomar la de ella. Sintió cómo se sobresaltaba por el roce, pero no rompió el contacto que él necesitaba tanto.


—Estaba equivocado al creer que tus razones para mantener en secreto tu pasado no fueran honestas, y tú forma de protegernos a Camila y a mí del cotilleo.


—Veo que lo entiendes. Nunca quise herir a nadie.


—Ahora lo sé.


Lentamente, ella alzó la mano que estaba bajo la de él y enlazó sus dedos con los de Pedro.


—Nunca quise engañarte intencionadamente, Pedro. Mantener mi pasado en secreto era una forma de protegerme, de la misma forma en que tú mantienes en secreto la paternidad de Camila, para protegerte a tí tanto como a ella.


—Dejé que lo que me pasó con Ángela me cegase y no quise ver lo buena que podía ser una relación con la mujer adecuada. Contigo.


—Yo no puedo cambiar el pasado, Pedro —susurró ella con la voz tomada por la emoción. Su tono le suplicaba que aceptase algo que formaría siempre parte de ella.


—Yo tampoco puedo cambiar el mío, así que me imagino que estamos empatados —sonrió sintiéndose más optimista—. Todos tenemos remordimientos y cosas que haríamos de otra forma si nos dieran la oportunidad. Si pudiera volver atrás no te habría dejado salir de mi vida el otro día. Lo único que podemos hacer es aceptar nuestros errores y seguir hacia delante. Y mi mayor error ha sido no creer en tu amor.


—Yo te quiero. Más de lo que creía posible querer a nadie.


—Y yo también te quiero —se puso de pie y fue hacia ella, haciendo que se levantara, tan cerca que sus cuerpos se rozaban—. Espero que pueda arreglar nuestra relación y cualquier daño que haya podido hacerte.


—Ya lo has hecho.


—Tú llenas mi vida de alegría y amor, Paula, y quiero que vengas conmigo a casa, porque perteneces a ella. Quiero hacer de tí una mujer respetable, es decir, si me aceptas en lo mejor y en lo peor.


Sus ojos se abrieron con sorpresa y luego se llenaron de alegría. 


—¡Oh, Pedro! —enlazó sus brazos en torno al cuello de él y lo abrazó fuerte. 


Después su boca dulce encontró la de él y el deseo y las promesas que Pedro halló en su beso la hicieron gemir de satisfacción y de placer. El momento terminó demasiado deprisa y Paula se apartó. Afortunadamente, el brazo con el que él rodeaba su cintura la mantenía cerca. No estaba dispuesto a dejarla ir, hasta que no estuviera seguro de que era completamente suya.


—No has contestado a mi pregunta, cariño. ¿Me vas a decir que sí y nos vas a hacer a Camila y a mi increíblemente felices? ¿Quieres casarte conmigo?


Ella no dudó.


—Sí, Pedro Alfonso. Me casaré contigo.


Y en aquel momento todos los deseos de Paula se hicieron realidad. 




Antes de un año, en una hermosa tarde de primavera, Paula se casó con su príncipe encantador. Carolina fue la madrina y Camila llevó las flores. Prometió amar y respetar a Pedro y él prometió hacer lo mismo. El pastor los declaró marido y mujer y los presentó a la congregación como el señor y la señora Alfonso. Miró a los ojos a su marido, vió la sonrisa tierna que él le dedicó, y se sintió pertenecer. Pedro había encontrado una novia aquella noche lejana en Leisure Pointe, pero ella había ganado mucho más. En aquel momento perfecto de alegría, dejó atrás su pasado y caminó con su príncipe hacia un futuro brillante y glorioso lleno de respeto, amor, y auténticas perdices.





FIN

Secreto: Capítulo 53

Pedro soltó un suspiro de frustración, incapaz de concentrarse en el trabajo que tenía extendido sobre la mesa. Hacía casi una semana desde que Paula había salido de su casa y de su vida y no había vuelto a verla ni a oír nada de ella desde entonces. Una dolorosa semana de cotilleo acerca del catálogo de lencería y de su relación con Paula. La noticia se había extendido con rapidez y había perdido interés con mucha más velocidad de lo que él esperaba. En unos pocos días, para ser exactos. Una vez que la novedad del escandaloso pasado de Paula desapareció, todo había vuelto a la normalidad. Todo menos su vida. Nada había vuelto a ser lo mismo desde que la dejó marchar. Ni Camila, ni su oficina vacía y silenciosa. Ni su corazón, especialmente su corazón. 


—¿Cuánto tiempo piensas estar deprimido? 


Pedro lanzó una mirada helada a su hermano, que volvía de un día de trabajo.


—No estoy deprimido.


—Nunca lo estabas. Pero no solo pareces estar hecho una pena, sino que también has estado de un humor insoportable desde que rompiste con Paula. ¿Qué ha sido de eso de darse un beso y hacer las paces?


—Lo que Paula me ocultó no se puede perdonar con tanta facilidad.


—Estoy de acuerdo en que estuvo mal lo que hizo, y que te lo debía haber dicho desde el primer momento. Ya sé que fui yo el mensajero de la mala noticia, por así decirlo, pero, ¿Nunca has cometido un error que luego lamentaras? —La pregunta era tan obvia que no necesitaba respuesta—. Ella está aún por aquí, Pedro, y no es demasiado tarde. Paula podría ser todo lo que tú necesitas si le permites que lo sea. Y si no eres capaz de perdonarla, intenta por lo menos establecer algún tipo de relación amistosa con ella, para que no resulte tan incómodo para el resto de la familia.


Y con este consejo, Federico salió de la oficina. 


Pedro se recostó en la silla sintiéndose frustrado e indeciso. Él sabía que era inevitable que se encontrase con Paula, sobre todo porque ella se había quedado en la ciudad. Eso lo sorprendía, porque había esperado que huyera del cotilleo. A lo mejor tenía que volver a enfrentarse al asunto, y a ella, por última vez, para que pudieran dejar atrás sus resquemores y seguir caminos distintos. Terminó pronto con su trabajo en la oficina y, cuando iba de camino para recoger a Camila, decidió parar en casa de Elisa Vee. La anciana lo saludó en la puerta y lo invitó a pasar. Lo miró de arriba abajo, como regañándolo.


—¿Vienes a ver a Paula?


—Sí, señora —dijo él sintiéndose tímido y sin saber qué había hecho para provocar esa reacción.


—Ya iba siendo hora —murmuró lo bastante alto como para que lo oyera Pedro. Luego le indicó la parte trasera de la casa—. Está en el patio.


Cruzó la cocina y se detuvo en la ventana que daba al patio. Había visto a Paula arrodillada en la hierba plantando pensamientos. Esperaba que se hubiera recrudecido su rabia al verla, después de que lo hubiera engañado, pero en vez de eso sintió una nostalgia y un anhelo que le dijeron que hacía tiempo que la había perdonado, pero que había sido demasiado terco para admitirlo, porque su orgullo estaba demasiado malherido para poder ver en medio de tanta confusión cuáles eran sus verdaderos sentimientos por ella. Se quedó allí, apoyado en la encimera, contemplándola en silencio. No era tanto porque hubiera posado para el catálogo como porque no hubiera confiado en él antes de que intimase afectivamente con ella. Al principio se había sentido traicionado y manipulado, pero había un hecho que cada vez estaba más claro en su mente. A pesar del pasado de Paula, no podía negar que él se habría enamorado de ella de todas formas. Su única falta había sido esperar tanto para decirle la verdad y él la había castigado injustamente por ello. El silencio de ella se había debido a su inseguridad y sus miedos. Lo invadió el remordimiento, junto con otros sentimientos más poderosos que no podía negar. ¿Cómo podía esperar que Paula confiase en él, cuando él no le había dado ninguna razón para creer que sería capaz de aceptar un pasado que ella nunca podría borrar? Probablemente Paula pensaba que él no era mejor que Santiago por haberla dejado marchar, por haberle dado razones para creer que para él su reputación era mucho más importante que ella y que no aceptaría arriesgarla por la mujer honesta y sin artimañas que ella era. Una mujer apasionada que lo amaba, a pesar de la forma en que él había rechazado en silencio aquel amor. Una mujer que sería una esposa perfecta y respetable… Si lo perdonaba por haberla juzgado injustamente. Sabiendo que tenía que enmendar lo hecho, salió al jardín y se dirigió adonde estaba ella. A pesar de la dolorosa experiencia por la que había pasado en los últimos días, tenía un aura de paz que lo atrajo. Y según se acercaba a ella, se maravilló por el valor que había demostrado al quedarse en una ciudad donde todo el mundo sabía ya lo del catálogo, al plantar cara a lo que había sido su miedo mayor cuando habría resultado mucho más sencillo marcharse y evitar los rumores y la especulación. Ella era sorprendente y él respetaba su decisión y su fortaleza. Sin la menor duda, la respetaba a ella.


—Pedro —dijo ella con voz insegura.


—Hola, Paula —su voz era baja y tranquila a pesar de lo rápidamente que latía su corazón—. ¿Cómo estás?

Secreto: Capítulo 52

Él no dijo nada, solo la miró con desagrado. Ella sintió que se le enfriaba la sangre en las venas. Respiró hondo y continuó.


—Eso fue aproximadamente un año antes de que conociera a Santiago y pensé que formaba parte del pasado, algo que estaba hecho y olvidado. Mi decisión de casarme con él, al igual que la suya de casarse conmigo estaba basada en razones prácticas, como ya sabes. Él quería una esposa decorativa y yo la clase de respetabilidad que mi madre había insistido siempre que era de la máxima importancia en una relación.


Su madre había tenido razón en una cosa, el amor acababa por provocar sufrimiento. En aquel momento, el suyo era tan profundo que necesitó de toda su fuerza para no ceder ante él, ya lloraría más tarde, cuando estuviera sola, por haber perdido a Pedro, el único hombre que creyó capaz de entender las decisiones que había tomado. Y a lo mejor lo hubiera hecho, si ella le hubiera confiado la verdad mucho antes.


—¿Qué pasó el día de tu boda, Paula? —su tono era distante pero indudablemente curioso.


Ella se sentó en el borde de la cama y echó una ojeada al catálogo.


—Una vieja amiga de Santiago, a la que él había dejado, encontró el catálogo y, en el momento en que empezaba la ceremonia, entró en la iglesia, interrumpió al pastor y presentó mis fotos a la congregación. Yo estaba horrorizada, al igual que su familia, considerando el escándalo que eso causaría. Estaba avergonzada y humillada, e hice la única cosa que se me ocurrió… Corrí, pero está claro que nadie puede huir lo bastante lejos.


Cerró el catálogo y lo apartó, forzándose a sostener la mirada penetrante de Pedor.


—De alguna forma, la antigua novia de Santiago nos hizo un favor a los dos. Hubiera sido un error casarme con él. Ahora me doy cuenta —dijo con suavidad—. Yo hubiera sido muy desdichada y también Santiago.


—¿Y cómo encajo yo en todo esto? —preguntó Pedro, cruzando los brazos con gesto rígido.


—¿Qué quieres decir?


—¿Esperas que me case contigo después de lo de anoche, para mantener intacta tu respetabilidad?


Sus palabras estaban teñidas de amargura y fueron como una bofetada física, su significado estaba muy claro. Ella le había entregado su virginidad, y él creía que lo había hecho para engañarlo, como había hecho Ángela años atrás. Cualquier esperanza de perdón que ella hubiera albergado se marchitó en aquel momento. Se puso en pie, recuperando su dignidad hecha jirones.


—No me debes nada, Pedro. Nada en absoluto. Le pediré a Carolina que me acerque a casa.


Fue hacia la puerta cerrada, deseando que él le pidiera que se quedase para que hablasen de ello, pero su silencio dejaba muy claro que quería que se fuese. Para él ya no había nada más que discutir. Pero antes de salir de su vida, había algo que quería decirle, y que él necesitaba oír. Con la mano en el picaporte, se detuvo y miró hacia él, rezando para que no se alterase su compostura por lo menos durante unos cuantos segundos más.


—Pedro, sé que no sabes qué creer en estos momentos, pero hay una verdad en todo esto. Hablaba en serio cuando te dije la otra noche que te quería.


Su expresión se mantuvo impasible, inescrutable, y Paula supo que había perdido a Pedro antes de haber llegado a tenerlo de verdad. Todo a causa de un error del pasado con el que ella no había acabado de hacer las paces. ¿Cómo podía esperar que él aceptase su pasado y sus decisiones, cuando ella no había sido capaz de hacerlo?


Secreto: Capítulo 51

Agradecía la lealtad de su hermano, pero le resultaba difícil aceptar la doblez de Paula, después de que él había tenido con ella la sinceridad que exigía en una relación. Y lo ponía furioso darse cuenta de que toda la ciudad conocía el doble empleo de Paula antes que él. Sin duda en pocos días el cotilleo los rodearía a él y a su familia.


—Si me disculpan un momento, creo que tengo que hablar con Paula.


Su voz era tranquila a pesar de la tensión que sentía. Enrolló el catálogo y se dirigió hacia la casa, deteniéndose ante la vista de Paula meciendo a uno de los bebés, en su rostro suave y bello. Ella levantó la vista al oír el portazo y le sonrió de una forma que le hizo sentir el deseo de no tener aquella prueba acusadora en su mano.


—Paula, ¿Podemos hablar a solas?


El tono de su voz hizo que su hermana lo mirase sobresaltada e incluso atrajo la atención de Camila. Paula pareció sorprendida al principio y después preocupada. Dejó al bebé en el regazo de Camila y lo siguió escaleras arriba, hacia el dormitorio. Había hecho la cama antes de bajar, pero aun así Pedro recordó lo cálida y suave que había sido con él la noche anterior. Aquel recuerdo lo perseguiría siempre, estaba seguro, cuando estuviera en la cama. Solo. No perdió tiempo en discutir con ella. Cuanto antes acabase con aquel asunto, antes se marcharía ella. Y estaba seguro de que en cuanto supiera que aquello era público abandonaría Danby y se iría a otro sitio. Desenrolló el catálogo para que lo viera.


—¿Te importaría explicarme esto?


—Pedro… Esto es lo que he intentado explicarte antes.


—¿No crees que es algo que tenía derecho a saber antes de que hiciéramos el amor? —Sin darle oportunidad para responder extendió ante ella una página en la que aparecía con un salto de cama que mostraba más de lo que ocultaba—. Hubiera estado bien saber antes que la mujer con la que estaba saliendo había posado para unas fotos de lencería que todos pueden ver. 


Ella hizo una mueca y se sonrojó. A él le resultaba difícil de creer que se pudiera sonrojar así después de haber posado para aquellas fotografías. Se sentía dividido entre el deseo de abrazar a la mujer generosa y dulce con la que había hecho el amor la noche antes y el de apartar de sí a la mujer que había sido antes de que la conociera. No tenía ni idea de cuál era la Paula auténtica.


—Tienes razón —murmuró. Tenía la voz estrangulada por la emoción, pero, sorprendentemente, mantuvo la cabeza alta—. Debí haberte hablado del catálogo hace semanas y siento que hayas tenido que descubrirlo de esta manera. Nunca quise que esto les hiciera daño a tí o a tu familia.


Ella no se echó a llorar como él había esperado. Y no le pedía perdón por lo que había hecho en el pasado, sino por haberle hecho daño. Apretó la mandíbula y fortificó sus defensas negándose a dejarse ablandar tan fácilmente. Tenía experiencia de primera mano de lo manipuladoras que pueden ser algunas mujeres para conseguir sus propósitos.


—Estoy seguro de que esto provocará un bonito escándalo en Danby y lo último que quiero o que necesito después de Ángela es una mujer con ese tipo de sorpresas acechando en su pasado. No necesito que la especulación se centre en mi familia.


Tiró el catálogo sobre la cama.


—¿Por qué no me lo dijiste antes, Paula?


—Nunca se lo dije a nadie, Pedro. Ese catálogo no es algo de lo que me sienta orgullosa.


—¿Por qué lo hiciste entonces?


—En aquel momento no tenía otra opción —Paula odiaba la desaprobación que había en su mirada, era exactamente la reacción que ella había temido, pero no podía echarle la culpa por estar enfadado. Lo único que podía hacer era intentar explicarlo—. Cuando murió mi madre, las facturas de los médicos que ella había acumulado por su enfisema recayeron sobre mí. No tenía otra forma de pagarlas, así que acepté un trabajo como modelo para ganar un dinero extra. Hice unos cuantos desplegables de lencería sabiendo que podían acabar siendo un catálogo, pero en aquel momento lo único en lo que podía pensar era en que estaba librándome de una deuda.


Y había sacrificado su respetabilidad por aquel dinero, y estaba segura de que también le había costado su verdadero amor. 

Secreto: Capítulo 50

Mientras Pedro hablaba con su cuñado de un trabajo de electricidad y pensaba en su deseo fallido de haber pasado la mañana del domingo a solas con Paula, llegó también Federico. Pedro contempló a su hermano, que bajaba del coche sin su aspecto normal de despreocupación; de hecho parecía completamente sombrío.


—¿Qué pasa Fede? ¿Te echó de la cama Emma demasiado pronto esta mañana? 


—No, Emma y yo estamos bien —Federico miró a Javier, luego a Pedro con expresión resignada—. Tengo una cosa que creo que tienes que ver —extendió la revista que tenía en la mano.


—¿Qué es eso?


—Es un catálogo de lencería que Guido estaba pasando en Leisure Pointe anoche.


—¿Y?


—Que Paula está en él.


—¿Qué?


—Paula posó para este catálogo, Pedro, con algunas prendas muy sexys —dijo Federico entregándole la revista y obligándolo a mirar—. Y Guido se aseguró de que todo el mundo lo viera bien.


Pedro no quería creer a Federico, no quería creer que Paula le hubiera ocultado algo así. Incapaz de controlarse, pasó las páginas a toda prisa. Estaba claro, era Paula en poses sensuales, llevando ropa íntima provocativa y con un aspecto muy distinto de la mujer inocente que había pasado la noche con él. Una mujer a la que él no conocía. Su estómago se encogió ante el recuerdo de la traición de otra mujer y de la confusión que había creado en su vida. Se sintió atrapado y engañado, como cuando Ángela lo manipuló.


—¿Cómo consiguió esto Guido?


—Supuse que querrías saberlo y conseguí convencer a Guido para que me diera la respuesta. Me dijo que había estado con una mujer el viernes por la noche y que encontró el catálogo en su casa y empezó a hojearlo…


Pedro levantó una mano para que se callara.


—Tú no lo sabías —dijo Federico sin entonación—. No te lo contó.


—No —pero en aquel momento supo lo que Paula había estado intentando decirle. 


Pero tenía derecho a conocer su pasado antes de hacerle el amor. Antes de permitir que le llegase más adentro que ninguna otra mujer. Y le irritaba que no hubiera confiado en él antes. Ahora no podía evitar preguntarse si no habría dormido con él con otros motivos en la mente, si al entregarle su inocencia no espera que él se portase como un caballero y se casara con ella… Para hacerla «Respetable» y esconder su pasado escandaloso. Se sentía como un idiota. Otra vez. 


—Lo siento, Pedro —dijo Federico poniendo una mano sobre su hombro—. Pero, si no te lo decía yo, te ibas a enterar por otra persona. Todo el mundo habla de Paula y el catálogo. Y de tí. Emma estaba de acuerdo en que debía enseñártelo cuanto antes. 

Secreto: Capítulo 49

 —Tu hermana traerá a Camila enseguida y no hay forma de saber cuándo volverá Federico.


—Tienes razón —se le escapó un suspiro de decepción—. Pero no puedes culparme por intentarlo.


Ella se soltó de sus brazos. 


—Pedro, hay una cosa que tengo que decirte.


—Parece serio —dijo, preocupado.


—Podría serlo —cruzó los brazos sobre el pecho. Los nervios de la noche anterior habían vuelto—. Es acerca de lo que pasó el día de mi boda y de la razón por la que no pude casarme con Santiago.


—He estado esperando que lo hicieras.


—¿Sí? —preguntó sorprendida.


—Sospechaba que había algo más que un asunto de compatibilidades entre Santiago y tú.


—¿Qué te hizo pensar eso?


—Aquella primera noche en el bar, tú parecías estar tan sola y perdida. Y mencionaste que habías humillado a Santiago y su familia, aunque no te puedo imaginar haciendo algo tan terrible. 


El sonido de un coche estacionado a la puerta distrajo su atención. Pedro miró por la ventana y suspiró.


—Parece que vuelve Camila.


—Pedro, tenemos que hablar —no podía soportar otra demora, la invadía un sentimiento de urgencia y desesperación.


—Y lo haremos. Más tarde —se acercó a ella y le dió un abrazo y un beso en la mejilla—. Te lo prometo.


Ella se aferró a esas palabras y, un minuto más tarde, aparecieron Carolina y Camila por la puerta delantera, las seguía Javier con dos cestas porta bebés.


—Paula, papá, ¿A que no adivinan qué ha pasado? La tía Caro me ha dejado tener en brazos a Nicolás y Nina, y también darles de comer y ponerles polvos de talco cuando les cambió los pañales.


—Parece divertido —rió Paula. Miró a uno de los mellizos, Nina, a juzgar por la ropa rosa que llevaba—. Son absolutamente preciosos.


—Cuando están dormidos —dijo Carolina con sarcasmo. Las señales de cansancio de su cara eran inconfundibles—. Espero que pronto tengan un horario razonable —Carolina sacó a Nina de su cesta y se la pasó a Paula, luego tomó a Nicolás—. Ya van durmiendo ratos más largos, pero me muero de ganas de que duerman toda la noche de un tirón.


Mientras las mujeres estaban ocupadas con los mellizos, Pedro salió al porche con Javier. Una vez que se hubieron marchado y Paula y Carolina estuvieron en el sofá con los bebés, Carolina lanzó una mirada a Paula.


—Me gusta ver que Pedro y tú están juntos. Hacía mucho tiempo que no dejaba entrar a ninguna mujer en su vida, y tú le has venido muy bien.


—Él también me ha venido bien a mí.