jueves, 15 de septiembre de 2022

Mi Destino Eres Tú: Capítulo 22

Pedro se detuvo un minuto en el umbral de la puerta antes de que las mujeres se dieran cuenta de su presencia, absortas como estaban en lo que hacían. Se concedió un minuto entero de gracia para observar a Paula llevarse los dedos a los cabellos, desordenando algunos rizos, mientras examinaba con atención los impresos desplegados ante sus ojos. Un minuto para observar el ceño que se fruncía y luego se alisaba cuando una idea la complacía. Un minuto para sentir el agrado de verla en su terreno y para reconocer otra emoción: Algo más oscuro, celos de que hubiera respondido a la llamada de Leticia cuando parecía que su propia llamada había caído en oídos sordos. Era ridículo. ¿Celoso? En absoluto. Había que estar emocionalmente comprometido para sentir algo tan inútil, una pura pérdida de tiempo, en todo caso. El brillo de los aretes de oro en las orejas y una camisa de seda de color ámbar, que sabía que combinaba perfectamente con el color de sus ojos, atrajeron su atención hacia la parte superior del cuerpo. Los hombros eran fuertes y los brazos, largos y ágiles. Un vaquero de color verde enfundaba las piernas que terminaban en unas botas de ante de color chocolate. ¿Cómo pudo haber pensado que era una mujer común y corriente? Estaba claro que aquella mujer irradiaba fuerza y poder. No se movió, ni siquiera hizo ruido; pero de pronto ella se volvió bruscamente, como si instintivamente hubiera sentido su presencia. Y tuvo otro instante de gracia cuando por un segundo ese rostro fue enteramente suyo antes de ocultarlo tras la máscara protectora, cálida e inteligente que hasta entonces él ignoraba que llevara habitualmente. Un instante que le hizo creer que ella estaba tan contenta de verlo como él de encontrarla allí.


—Pedro, creí que no vendrías hasta mañana. 


¿Por eso había ido a la oficina? ¿Porque estaba segura de que él no estaría allí? ¿Intentaba evitarlo deliberadamente?


—Hola, Paula —saludó, más intrigado que ofendido.


—Hola —respondió ella.


En lugar de besarla en la mejilla como hubiera sido su deseo, se acercó a la mesa, a sabiendas de que un gesto tan casual como ése no tenía lugar en su relación con Paula.


—¿Leticia te ha traído en calidad de asesora? —preguntó en tono fingidamente ligero al tiempo que tomaba una de las maquetas.


—Sí —Leticia intervino rápidamente antes de que ella pudiera negarlo. Paula se encontró atrapada entre exponer a Leticia o participar en la mentira—. Al menos he hecho la oferta. Aunque voy a necesitar un poco de ayuda para convencerla.


—Encantado de ayudarte, Leticia —dijo mirando fija—mente a Paula—. Estas ilustraciones tienen clase —comentó al tiempo que pensaba: «Igual que la mujer»—. También me gusta tu idea de imprimirlas en tarjetas, Paula.


—Gracias.


Pedro no había apartado los ojos de ella, y ella le devolvió la mirada. Una mirada directa, desafiante. Tuvo la clara impresión de que estaba enfadada con él, aunque no podía imaginar cuál era la razón.


—Leticia, ¿Por qué no consigues muestras de marcos y evalúas los costes?


—Voy de inmediato —dijo la secretaria antes de salir y cerrar la puerta.


Todavía con los ojos fijos en Paula, él volvió la tarjeta de modo que quedó frente a ella.


—Cuando encontré estas ilustraciones botánicas pensé que no eran más que basura.


—Estaban un poco manchadas solamente. Utilicé tu ordenador para hacerles un escáner y limpiarlas. El truco consiste en no limpiarlas demasiado para que no pierdan su pátina, sólo quitarles el aspecto raído.


—Un buen trabajo —aseguró, y al darse cuenta de que Paula tenía que esforzarse para mirarlo, se sentó junto a ella—. ¿He hecho algo que pudiera haberte contrariado, Paula? 

Mi Destino Eres Tú: Capítulo 21

 —Leticia...


—Pero qué digo. Seguramente querrá a alguien más joven. Así que es mejor olvidar lo de las oportunidades. Tendré suerte si consigo otro...


—¡Leticia!


La secretaria se detuvo en seco. Fue en ese momento cuando se hizo una luz en su cerebro que brilló como un faro luminoso. Y había una sola persona con la que quería compartir su descubrimiento.




Una hora más tarde, Pedro estacionó ante la casa de Paula sin hacer caso del cartel que indicaba «Sólo para Residentes». Bajó la escalera que conducía al sótano y tocó el timbre.


—¿Quién es? —preguntó una voz con acento claramente extranjero.


Bueno, Paula ya le había advertido que podía recurrir a esos trucos cuando no quería recibir a nadie.


—Paula, soy Pedro —dijo, con una sonrisa. Se produjo una pausa.


—Paula no está aquí. 


—Muy divertido. Déjate de bromas y abre la puerta. Tengo algo importante que decirte.


—Ya le he dicho que Paula no está aquí —repitió la voz lenta y claramente.


Pedro volvió a llamar. Luego golpeó con los nudillos, y luego la llamó a voces.


—Paula, no me hagas esto. ¡Ya sé cómo utilizar tus ilustraciones! ¡Mi idea es brillante!


El portero automático hizo un ruido y oyó la misma voz de antes.


—Márchese.


—De acuerdo. Mensaje recibido. Estás ocupada, llámame cuando tengas un momento libre.


Pedro subió la escalera con la esperanza de que en cualquier momento se abriera la puerta. Sólo cuando llegó a la calle aceptó el hecho de que eso no iba a suceder, y observó que una agente del tráfico le dejaba la papeleta de una multa en el parabrisas.





—¿Se dedican a la producción de papel de envolver?


—Sí, pero... ¿Qué piensas? —Leticia la miró desconcertada.


—Pensaba que si se pudiera aplicar la imagen ampliada sobre papel de tamaño estándar... —Paula negó con la cabeza—. No, la imagen aumentaría demasiado y aparecería punteada. Tendré que pensar en eso. Pero no veo ninguna razón para no ofrecer reproducciones, en cambio. La mayoría de las tiendas de tarjetas también venden regalos, y una tarjeta de cumpleaños con su correspondiente etiqueta, que haga juego con el regalo, podría ser muy sugerente. Valdría la pena probar con compradores importantes y...


En ese instante se dió cuenta de que Leticia ya no le prestaba atención. Miraba fijamente a la puerta.


 —Así da gusto verlas. Tienen buen aspecto —comentó Paula, examinando las maquetas que el departamento de producción había hecho de los impresos botánicos.


—Creo que ésa es la diferencia entre nosotras. Donde yo sólo veo deterioro, tú ves antigüedad. Impresas sobre una tarjeta a juego tienen un aspecto fino y de gran calidad. 

martes, 13 de septiembre de 2022

Mi Destino Eres Tú: Capítulo 20

Desilusionada, Paula tragó saliva. ¿Qué había esperado? Aquello no era nada más que un asunto de negocios. Los bocadillos y el vino habían sido su modo de ganarse las ilustraciones. Y en ese momento las tenía. ¿Así que para qué perder más tiempo con ella? Aunque también había dicho que había ido a verla porque ella lo hacía reír. «Baja a la tierra, Paula», se dijo con firmeza. «Él sabía que tú tenías algo que podía serle útil y fue lo suficientemente listo como para que pareciera una ocurrencia tardía».


—¿Señorita Chaves?


—Lo siento. Estaba... Atendiendo a alguien. Ahora sí que la escucho.


—Decía que tal vez podríamos reunimos para discutir los detalles. ¿Le viene bien aquí en la oficina? —sugirió. Leticia Appleby no era tan sutil como Pedro Alfonso. Él no habría hecho una petición tan abierta y con ello darle una oportunidad para negarse. Habría ofrecido dos alternativas, obligándola a elegir una—. O si lo prefiere, podríamos comer en algún lugar de su gusto. Lo que sea más conveniente para usted.


—Realmente, señora Appleby...


—Leticia, por favor.


—Leticia, no me interesa vender una opción. Tal vez Pedro no le dijo que estoy buscando un editor —puntualizó. Desde luego, hablaba por puro orgullo. Pedro Alfonso estaba dispuesto a pagarle bien simplemente por conservar sus ilustraciones durante seis meses. No había ilustradores en el país que no tuvieran un abecedario que ofrecer a los editores, y la mayoría habría brincado ante tamaña oferta. Era un dinero que ganaría sin tener que trabajar y que podría destinar al fondo para su futura casa campestre. Además, en seis meses el libro volvería a sus manos y tal vez pudiera encontrara un editor interesado en publicarlo—. ¿Eso es todo?


—¡No! —exclamó Leticia precipitadamente—. Pedro quería que conversara con usted sobre el mercado en general. Quedó realmente impresionado con su trabajo. Volvió a la oficina lleno de planes respecto a una serie alfabética. Desgraciadamente nada utilizable, pero me autorizó para que le ofreciera una comisión por cualquier idea que a usted se le ocurriera.


—¿Y de eso quiere hablar conmigo?


—Sí —contestó, claramente aliviada. 


Bueno, aquello era diferente. Tal vez se mostrara un tanto dura. Ya había echado a Sebastian una vez y quizá por eso enviara un delegado en aquella ocasión. Una demostración de su interés por los negocios. Tal vez fuera hora de dejar de soñar y de adoptar un criterio más mercantil.


—¿Está ahí? ¿Puedo hablar con él?


—Me temo que no es posible. No vendrá a la oficina hasta el jueves —la informó. De acuerdo, él se estaba tomando el asunto verdaderamente en serio—. Me haría un gran favor personal si al menos considerase la opción, señorita Chaves. Ésta es una promoción para mí, y cuando Pedro vuelva a Estados Unidos va a necesitar a alguien que se haga cargo de la empresa y...


Leticia se paró en seco, pero el mensaje estaba claro.


—Y usted necesita ese cargo, ¿No es así?


Paula se dió cuenta de que Leticia Appleby ignoraba lo que estaba sucediendo en la empresa. Pedro le había dado un cargo de adorno y ella había pensado que tendría la oportunidad de probarse a sí misma. Pero la triste la verdad era que, con o sin comprador, la iban a echar. ¡Qué bastardo!


—Durante los últimos tres años he tenido que encargarme casi totalmente de la empresa. He hecho de todo, menos la elección final del material gráfico. Para serle sincera, George... Alberto Alfonso... El fundador de la compañía...


—Pedro me habló del señor Alfonso —Paula fue en su rescate cuando le pareció que la voz de Leticia Appleby se quebraba—. ¿Trabajaste para él durante mucho tiempo? —preguntó amistosamente.


—Fui la primera persona que contrató. Yo acababa de terminar mi carrera de Secretariado. Él era muy fino, muy apuesto.


Venía de familia. Estaba claro que Alberto Alfonso había robado el corazón de su joven secretaria y nunca se lo había devuelto.


—No lo dudo.


—A pesar del triple bypass se recuperó muy bien, pero nunca volvió a ser el mismo. Probablemente debió de haberse retirado, tomarse las cosas con más calma, pero realmente disfrutaba viniendo a la oficina. Si puedo demostrarle a Pedro que soy capaz de manejar el material gráfico y encontrar nuevos diseños, tendrá que darme una oportunidad, ¿No crees? Porque a mi edad nunca volveré a tenerla. 


—Cielo santo, lo siento mucho. No sé qué me ha pasado —dijo muy turbada.


—De acuerdo, Leticia. Sí, acepto la opción —declaró. No lo hacía por Pedro, ni siquiera por sí misma, sino por otra mujer que estaba en apuros. Haría lo posible por contribuir a la venta de la empresa para que Leticia no lo perdiera todo—. La opción sobre el abecedario es tuya y será un placer conversar contigo.



Pedro pasó la tarde del martes y la mayor parte del miércoles hablando con los comerciantes al por menor y, aparte de examinar una creciente colección de artículos de gran salida, todos producidos por la competencia, no aprendió nada útil, salvo que el público de cualquier edad parecía mostrar un apetito insaciable por las tarjetas con ositos y erizos. También tuvo oportunidad de enterarse de que cualquier persona con acceso a un ordenador podría hacer lo que él había deseado: Una tarjeta personalizada con el nombre de un niño. De hecho, tenían una inmensa ventaja sobre él, ya que podían utilizar el nombre que quisieran, por muy especial que fuera.


Mi Destino Eres Tú: Capítulo 19

Pedro pensó que tal vez era egoísta, pero recordó que ella misma le había dicho que las posibilidades de encontrar un editor eran bastante escasas. Además, si Paula no quería venderle la opción, nadie lograría persuadirla.


—¿Y qué más?


—Bueno, nada específico. Háblale del mercado por si se le ocurre alguna idea y, si la tiene, ofrécele una comisión por el material gráfico.


—Veo que no pides mucho —Leticia comentó con ironía.


—Nada que no puedas manejar, estoy seguro. Pero si decides llevarla a comer, elije el restaurante antes con ella.


—Veamos hasta dónde podemos llegar con una llamada telefónica. Tienes su número, ¿Verdad?


Pedro lo había visto escrito en el teléfono de Paula el día de la fiesta, cuando había ido a buscar el whisky.


—Llámala a este número —dijo al tiempo que lo anotaba en un bloc de notas.


—De acuerdo, lo haré de inmediato. ¿Dónde vas? —preguntó al verlo camino de la puerta.


—No te preocupes, Leticia. No me voy a escapar. He de hacer una pequeña investigación básica, como por ejemplo, mirar las ofertas de la competencia, ir a las tiendas, hablar con los comerciantes minoristas... Esas cosas. Para cuando tengas algo interesante, tal vez me habré hecho una idea de este negocio.


—De acuerdo. ¿Cuándo estarás de vuelta? En caso de que la señorita Chaves lo pregunte.


—No lo hará.


Durante las últimas semanas se había sentido paralizado de rabia por la manera en que su carrera tan prometedora se había visto suspendida y por tener que dejar de lado una vida tan satisfactoria. ¿Paula habría sentido lo mismo tras el accidente? Ni siquiera podía imaginar el cambio brutal de su vida. Un cambio permanente, como volver a aprender incluso las cosas más sencillas de la vida cotidiana, cosas que una vez había dado por descontadas.  Él no había perdido nada. Dentro de seis meses volvería a retomar una vida que lo estaba esperando. Y si no la retomaba exactamente donde la había dejado, sería un poco más lejos. En esos momentos era necesario dejar de sentir autocompasión y hacer lo posible para convertir a Coronel en una empresa que los principales competidores se pelearan por comprar. Y tras esos seis meses de experiencia, sería un profesional mucho más eficaz en su trabajo. Y su trabajo era lo único que le importaba.


—A mí también me interesa saberlo. Así que dime cuándo volverás a la oficina.


—El jueves por la mañana. Podrás defender el fuerte hasta entonces, ¿Verdad?


—No sería la primera vez —observó Leticia, con suavidad.



Paula dió un brinco al oír el sonido del teléfono. No podía ser él. No quería que fuese él... Y odió la expectación que la dejaba sin aliento, el salto del corazón anticipando aquella voz que anhelaba oír, el hecho de delegar en otro toda perspectiva de alegría. Había renunciado al derecho a la autoindulgencia. Esos sentimientos eran para otras personas. Dejó pasar unos cuantos timbrazos antes de levantar el auricular con el corazón galopante. Entonces respiró lentamente.


—Paula Chaves. ¿Diga? —dijo con voz clara, imperturbable. Una voz que no la traicionaba. Una lección duramente aprendida.


—Señorita Chaves, me llamo Leticia Appleby. Soy... Soy la coordinadora de compras de la empresa Coronet Cards —la saludó. «No es él», pensó Paula con el corazón más tranquilo, aunque se debatía entre la desilusión y el alivio—. Señorita Chaves, ¿Está ahí?


—Lo siento, sí...


—Espero no importunarla, pero me gustaría hablar con usted respecto a la compra por parte de Coronet Cards de una opción por seis meses de las ilustraciones de su abecedario.


—Vaya...


¿Coronet Cards? ¿Pedro quería sus dibujos y le había pedido a otra persona que la llamara para hacerle una oferta? 

Mi Destino Eres Tú: Capítulo 18

 —No digo que sea imposible, Pedro, pero tienes que verlo desde el punto de vista del comerciante detallista. Sólo con un nombre de niño y de niña por cada letra del abecedario, ya tienes cincuenta y dos tarjetas. Ésa es una gran inversión en una sola gama de productos. Y naturalmente que sólo una tarjeta es la adecuada para cada cliente. Si no quedan tarjetas con el nombre de «Pablo», el cliente no comprará una que diga «Patricio» y se irá a buscar otra cosa en otra tienda.


—¡Diablos! Sí que es cierto. Y yo que pensé que había dado con la solución... —dijo al tiempo que giraba el sillón de piel hacia la ventana que quedaba a sus espaldas y se pasaba los dedos por los cabellos.


De inmediato recordó que Paula había hecho el mismo gesto dejando un pequeño rizo levantado que él deseó alisar con sus dedos.


—Bueno, mientras estabas ausente llamé a un par de antiguos clientes que en el pasado nos encargaron trabajos publicitarios. Quedaron de contestarme.


Tras respirar hondo, Pedro se volvió hacia ella.


—Gracias, Leticia. Sospecho que sin tí esta empresa habría desaparecido hace mucho tiempo.


—Es posible —convino antes de cambiar de tema y concentrarse en el libro de Paula—. Esta obra es única por su originalidad.


Una descripción que calzaba tanto con la artista como con su trabajo.


—Paula también lo es.


—Tal vez deberías considerar la posibilidad de ofrecerle un encargo y hacerle un contrato antes de que alguien más la descubra, ¿No te parece?


—Puede que tengas razón, pero dudo ser la persona más adecuada para negociar con ella. Por alguna razón se niega a tomarme en serio.


—¿Quieres decir que además de talentosa es una mujer inteligente? — preguntó, y al instante se puso roja—. Lo siento, eso no ha estado bien.


—No lo creas, Leticia.


Incómoda, ella se encogió levemente de hombros.


—A veces George hablaba de tí.


—Nada bueno, naturalmente.


—Te equivocas, él te quería mucho. Pero también se preocupaba por tí. Solía decir que te habías apartado de todo, menos de tu trabajo, y que cuando despertaras y te dieras cuenta de lo que te habías perdido, sería demasiado tarde.


—Nadie podría acusarlo de haber desperdiciado su tiempo.


—No.


—¿Era feliz?


—A veces. Durante breves períodos. Pero nunca dejó de buscar y de tener esperanzas.


—Tal vez debió apartar los ojos del horizonte por un momento y fijarse en lo que tenía más cerca —comentó pensando en las mujeres frívolas y glamurosas a las que su tío había dedicado tiempo y dinero a cambio del placer de ir del brazo de una beldad encantadora. Era una inclinación que habían compartido excepto que, a la inversa de George, él había aprendido a no entregar el corazón.


—Es cierto.


—Volviendo a la señorita Chaves, ¿Por qué no la llamas? Dile que te han nombrado coordinadora de compras de la empresa Coronet Cards.


—¿Coordinadora de compras? —preguntó, muy sorprendida.


—Si no te gusta puedes cambiarle el nombre. Hablaremos de un sueldo más apropiado posteriormente, ¿Qué me dices?


—No, no creo que yo... Realmente... ¿Estás seguro? —inquirió con ansia tras unos segundos de vacilación.


—No te subestimes, Leticia. Sabes más de este negocio que cualquiera de nosotros y como voy a depender bastante de tí, es justo que seas recompensada.


Ella lo pensó unos segundos y luego se volvió hacia él, aparentemente convencida.


—¿Y qué quieres que le diga a la señorita Chaves?


—Primero, quiero que le ofrezcas una opción de compra por estas ilustraciones antes de que algún editor inteligente decida adquirir el libro.


—¿Una opción de cuánto tiempo?


—De seis meses —decidió. No valía la pena prolongarla más. Si en ese plazo no habían utilizado las ilustraciones, estaba claro que ya no lo harían. Entonces volverían a manos de Paula, dejándola en libertad para venderlas a quien quisiera—. Y te autorizo para que negocies un precio razonable.

Mi Destino Eres Tú: Capítulo 17

 —No está acabado. ¿Algo más? Entonces, vete ahora.


—Lo siento. He abusado de tu tiempo. ¿Puedo llevarme esto? — preguntó con el abecedario en la mano.


—Claro que sí. Y enséñalo a cualquier editor o periodista que conozcas.


—Lo haré si prometes comer conmigo la próxima vez que te llame.


—No te das por vencido, ¿Verdad, Pedro? —preguntó al tiempo que se volvía a mirarlo—. Lo de los editores no iba en serio. Llévate el libro, pero sin ningún compromiso. 



En lugar de tomar un taxi, Pedro resolvió volver a pie a la oficina.


—Leticia, creo que tengo la solución —anunció mientras ella lo seguía con un puñado de mensajes—. Mira esto.


Leticia hojeó el libro con una sonrisa al contemplar las ilustraciones. Luego lo miró, ligeramente desconcertada.


—Son unos dibujos encantadores, pero no sé cómo podríamos utilizarlos.


—No como aparecen aquí, desde luego —observó él mientras se acomodaba en el inmenso sillón giratorio de Alberto—. Pero vamos a suponer que fabricamos series de tarjetas con los nombres infantiles más conocidos. Por ejemplo, la tarjeta que representa el globo podría decir «G es la primera letra de...» —Pedro hizo un ademán para que ella le diera algunos nombres.


—¿Germán o Gabriela? —sugirió Leticia en un tono que no revelaba mayor entusiasmo.


—No te gusta la idea, ¿Verdad?


—La idea no está mal. Generalmente las ideas sencillas son las mejores.


—¿Pero...?


—Pensaba en la logística, simplemente. ¿Cuántos nombres crees que hay?


—Miles. Pero obviamente utilizaríamos los más conocidos. Como los que pintan en jarritas, llaveros y en placas de cerámica para colgar en las puertas, como el tipo de artículos que se vende en las gasolineras, por ejemplo. Hay por ahí una lista anual de los nombres más populares de niños, ¿No es verdad?


—Supongo que sí.


—¿Pero...?


Ella se dejó caer en la silla frente a él. 

jueves, 8 de septiembre de 2022

Mi Destino Eres Tú: Capítulo 16

 —Sí que estás en un lío, chico —dijo al tiempo que le llenaba la copa—. Sírvete otro de estos excelentes bocadillos ¿Y cómo piensas que puedo ayudarte?


—No lo sé. Necesitaba hablar con alguien que no es—tuviera implicado en el asunto. Los empleados de Coronet están muy inquietos porque temen perder su puesto de trabajo, y a la familia le aterroriza un escándalo.


—¿Y todos esperan que tú los salves del naufragio?


—No soy ningún héroe. También tengo que pensar en mi reputación.


—Por no mencionar el apellido familiar —insinuó con ironía—. Eso es mucha presión.


—Una presión que puedo manejar. Pero se necesita algo más. Algo que no poseo. ¿Tú no te dedicas a hacer ilustraciones para niños?


—Pero no diseños conceptuales de la calidad que tú necesitas. ¿No podrías negociar con la televisión la licencia de sus novedades infantiles?


—Ya lo han hecho compañías más grandes que Coronet y con más dinero, claro está. No, debo empezar con mis propios diseños.


—¿En una semana?


—Sé que es ridículo, pero tengo que intentarlo. ¿Estás segura de que no tienes nada en el fondo de un cajón?


—Totalmente segura. Si me ofreces una comisión haría lo imposible por crear algo, pero no puedo garantizarte el impacto inmediato que necesitas.


—¿Y qué pasa con tu libro? ¿No te llevó Daniela a hablar con una periodista sobre un libro que has ilustrado?


—Ya veo dónde conduce esto —dijo al tiempo que se ponía rígida y alejaba un poco la silla de la mesa. Unos centímetros que a ella le parecieron muchos metros—. Siento desilusionarte, pero no es lo que buscas. Los niños todavía no se han enamorado de mis personajes. Por lo demás, se trataba de un abecedario especial que diseñé como regalo de cumpleaños para Nicolás.


—Entiendo. ¿Y le gustó?


—Por supuesto. Todos los dibujos se han convertido en sus amigos favoritos.


—¿Y tienes por ahí un ejemplar? Me gustaría echarle un vistazo.


Ella se acercó a un armario y sacó un libro. Las ilustraciones estaban impresas en un papel de gran calidad y las cubiertas eran de madera azul. Estaba claro que el ejemplar era un fino trabajo artesanal que no parecía hecho en casa.


—No te va a ser de utilidad. ¿Quién va a comprar una tarjeta de cumpleaños con un dibujo que indica que la letra G se utiliza para nombrar un globo?


Las ilustraciones eran vivas, brillantes, frescas y atractivas. Pedro pensó que ella tenía razón. En un papel de regalo parecían maravillosas, pero no ocurriría lo mismo con una tarjeta de felicitación.


—Los globos son muy coloridos.


—Pero no exactamente personales.


—Siento no poder utilizar tus ilustraciones.


—A mí también me desilusiona. Los derechos por la venta de tarjetas me vendrían muy bien. Mientras tanto, tengo un encargo que terminar cuanto antes si quiero comer el próximo mes —dijo al tiempo que instalaba la silla ante el tablero de dibujo—. Gracias por el almuerzo. Siento que tu visita haya sido inútil.


—No ha sido inútil. He aprendido mucho. Si se me ocurre otra idea brillante, ¿Puedo comunicártela para que me la destroces?


—Me hace feliz poner a un hombre en su sitio. La próxima vez trae un bocadillo de aguacate.


«Casi una invitación», pensó Pedro con una sonrisa que guardó para sí al tiempo que miraba por encima del hombro de Paula hacia la ilustración que pintaba. Se trataba de la silueta de una pareja reflejada en el agua a la orilla del mar durante una puesta de sol. El color al pastel y el estilo eran muy diferentes a las ilustraciones del abecedario. No era su primer intento, al parecer. Sebastian se inclinó a recoger una ilustración que ella había descartado. Era casi idéntica a la otra, pero había dibujado algo en la parte superior.


—¿Qué es esto?


Ella se volvió a mirar lo que sostenía en la mano y se sonrojó.


—Nada. Una idea para una tira cómica, eso es todo.


—Una superheroína en una silla de ruedas. ¿Tiene nombre? 


—Sí, Hattie Hot Wheels. ¡Y no te atrevas a reír!


—Como si fuera a hacerlo. Verdaderamente tienes mucho talento, Paula.


Ella le dirigió una mirada fugaz.


—No puedes quedarte con la ilustración de la pareja. Es un encargo para la historia de una revista.


—No, no era mi intención. Has captado muy bien la melancolía de una tarde de fines de verano.


Algo en la mirada de ella le hizo pensar que la historia era el fin de algo, no el principio.