martes, 19 de julio de 2022

Paternidad Inesperada: Capítulo 1

Era viernes por la tarde. El mejor momento del mundo. La semana laboral había terminado y la fiesta estaba a punto de empezar porque, a juzgar por lo que Pedro Alfonso había oído, iba a haber una buena fiesta. Salió del coche, se aflojó la corbata y, para terminar el día, se dirigió a su avión privado, que lo llevaría de Roma a Londres, y se dispuso a llamar a la Directora General, la signora Alfonso, su madre. Atravesó la cabina y se sentó frente a su escritorio dispuesto a beberse la cerveza de los viernes, salvo que no se la habían servido. Dejó su maletín en el asiento vacío y miró a su alrededor. Tampoco estaba su asistente, David, y eso era muy extraño. Siempre hacían lo mismo: la cerveza, la llamada, algo de agua, algo de prensa, una ducha y cambio de ropa, el coche preparado en Londres, en ocasiones una mujer, otras, no. Esa noche no. Iba a ir a ver un combate de boxeo, a apostar y a estar con los amigos, pero antes tenía que hablar con su madre y darle la noticia. Se sentó y marcó el número. Volvió a mirar a su alrededor. ¿Dónde estaba David? Oyó que abrían una botella de cerveza y se giró justo en el momento en el que empezaba a dar tono la llamada. Primero se fijó en las piernas, después, en el vestido rojo. Aquel no era David. Frunció el ceño y vio cómo le dejaban la botella delante. Alguien tendría que darle una explicación.


–Hola, mamá, soy yo.


–¡Pedro! Precisamente iba a llamarte.


–Pues ya está hecho. Tengo algo que contarte.


–De acuerdo, tú primero.


A él se le aceleró el corazón. 


–Augusto Arturo ha decidido vender por fin.


–¿De verdad? ¿Después de tanto tiempo? Es una noticia increíble.


Pedro agarró la botella, estaba de acuerdo con su madre.


–¿Y cómo te has enterado?


–Ha sido sencillo. Oí unos rumores e indagué. Dicen que está harto, que quiere marcharse y que nosotros somos los únicos interesados…


Se interrumpió, a pesar de los miles de kilómetros que los separaban, Pedro pudo imaginar la expresión de su madre, de dolor y anhelo.


–¿Estás completamente seguro?


Él hizo una pausa. No merecía la pena fingir.


–Somos los únicos realmente interesados. He oído que Carlos va a darse por vencido, pero ya sabes lo malo que es. Su reputación ha llegado hasta Suiza y te garantizo que no tendrá ninguna posibilidad.


–Pedro, no quiero que te metas tú.


–Ya sabes que es el momento, mamá. Carlos se marchó con la mitad de nuestros clientes y los voy a recuperar. Si nos fusionamos con Arturo seremos imparables. Puedo hacerlo, te lo prometo.


–No quiero promesas, Pedro. No quiero que te vuelvas loco como tu padre. No merece la pena.


Él suspiró y soltó la botella. Ya había sabido lo que iba a decirle su madre y la comprendía, pero no tendrían otra oportunidad como aquella.


–No puedo dejarlo pasar, ya lo sabes –le dijo él en voz baja–. Venga, mamá. Por papá. No podemos permitir que Carlos vuelva a ganar.


Esperó a que su madre respondiera, pero el avión despegó en silencio. Él se la imaginó con el ceño fruncido por la preocupación, angustiada. Pero era Ana Alfonso y él, su hijo…


–Tienes razón. Eso no puede ocurrir –le dijo esta por fin–. No podemos quedarnos sentados esperando a que vuelva a quitárnoslo todo.


–Exacto.


–Pero tienes que prometerme que, si intenta algo, lo dejarás, Pedro. Prométemelo. No puedo perder a mi marido y a mi hijo.


Él recordó a su padre volando sobre el salpicadero del coche y apretó la mandíbula con fuerza. Algún día Carlos pagaría por ello.


–No tienes de qué preocuparte, mamá.


–Por supuesto que sí. No soportaría que te ocurriese nada.


Pedro oyó cómo se le quebraba la voz y aquello lo mató. Tenía más fuerza y resiliencia que nadie en el mundo. El hecho de ser capaces de mencionar el nombre de Carlos en una conversación era una muestra de lo lejos que habían llegado. Había sido como de la familia, el mejor amigo de su padre, su abogado de confianza y, después, su socio, y los había traicionado. Lo había vendido todo y se había marchado. Y les había destrozado la vida. 

Paternidad Inesperada: Sinopsis

Estaba embarazada del multimillonario… ¿Se convertiría también en su esposa?


Lo único que le importaba al magnate italiano Pedro Alfonso era restablecer el legado de su familia. Hasta que la encantadora bailarina Paula Chaves lo tentó a dejarlo todo por una noche de pasión. No obstante, cuando esta le confesó que estaba embarazada, Pedro se comprometió a ocuparse de su hijo. ¿Sería capaz de ignorar la fuerte atracción que todavía había entre ambos? 

jueves, 14 de julio de 2022

Atracción: Capítulo 48

Paula salió del recinto número cinco con la correa de Pipo en una mano y un premio en la otra. Hacía un sol de justicia, pero al beagle no parecía importarle. Estaba deseando quitarse la chaqueta del traje. Betty estaba esperándola, con las manos entrelazadas y una sonrisa en los labios. Le entregó el galardón del premio.


–Con uno más, ya será un gran campeón.


–Estoy muy orgullosa de los dos –dijo la anciana.


–Gracias –la palabra sonó vacía, pero no podía evitarlo.


A lo mejor no le venía mal un poco de cafeína. Llevaba semanas sobreviviendo a base de café.


–Vamos a ver qué hacen tus padres en el puesto.


Betty había contratado a los padres de Paula para que se ocuparan del punto de venta.


–También quiero enseñarles el galardón que ha ganado Pipo...


-Tus padres tienen compañía en el puesto –dijo Betty.


–Es bueno que haya clientes.


–Bueno, me parece que éste en particular no está interesado en los productos.


Paula miró y se detuvo en seco. El corazón le dió un vuelco. No podía respirar.


–¿Qué está haciendo aquí? –le preguntó a Betty. La voz le temblaba.


–Vamos a verlo.


–No. Ve tú, Betty, por favor.


La anciana la agarró del brazo.


–Vamos. No eres ninguna cobarde.


–Sí que lo soy.


–Venga. Pon un pie delante del otro, chica.


Paula no tuvo más remedio que echar a andar.


–No puedo...


–Sí que puedes. Un paso y después otro.


–Pedro –dijo Betty.


Él se volvió. Sonrió.


–Hola –le dijo, como si su presencia fuera de lo más normal. 


Paula abrió la boca para decir algo, pero no pudo.


–Te he echado de menos –dijo él, mirándola con unos ojos diáfanos, sinceros.


Paula sintió que el corazón se le salía del pecho. La rabia creció repentinamente.


–¿Qué es esto? ¿Una broma?


–No es ninguna broma –Pedro señaló el puesto de venta–. Parece que los productos se están vendiendo muy bien gracias a tí.


Los padres de Becca sonrieron.


–Me echaste de tu vida como si fuera basura. Heriste mis sentimientos mucho más que ningún otro, lo cual es mucho decir. Y ahora te presentas aquí como si nada hubiera pasado. Es increíble.


La tensión aumentaba por momentos. La gente empezaba a mirar.


–Tienes razón. Siempre has tenido razón... Y estoy aquí. No te culpo si no quieres hablar conmigo, pero por lo menos escúchame.


Pasó un segundo. Y después otro.


–Cinco minutos.


La hizo echarse a un lado y miró el reloj.


–Me estaba acercando mucho a tí. Me distraía en el trabajo. Estaba más feliz contigo que cuando estaba con mi familia. Eso me asustaba. Tú me asustabas. Tenía demasiado miedo de asumir riesgos, demasiado miedo de que pudieras hacerme daño, así que jugué sobre seguro. Y perdí a la persona que más necesito en mi vida, la persona que me entiende, que me hace más fuerte. Me cuidaste como nadie más me ha cuidado, y lo echo de menos. Te echo de menos.


El aire se escapó de los pulmones de Paula. Tenía los ojos llenos de lágrimas. No podía hablar.


–Eres increíble, única. Eres todo lo que no me atrevía a admitir que quería hasta que entraste en mi vida, y entonces te dejé marchar, como un estúpido. Siento haberte tratado como lo hice. Hice lo mismo que el idiota de Nicolás. Pero te pido disculpas, por haber accedido a participar en el programa y en el concurso, por no decirte nada y por romper contigo como lo hice. No te culpo por no quererme después de todo lo que he hecho, pero yo sí que te quiero. Y, si hay alguna forma de que me perdones, te compensaré por todo lo que te he hecho. Quiero pasar el resto de mi vida compensándote por ello.


–¿Has venido por eso?


–Iba a volverme loco si pasaba otro día más sin verte... Creo que todavía me quedan dos minutos más. A lo mejor tres –su voz sonaba sincera–. ¿Tengo alguna oportunidad?


Paula quería decir que no. Quería que se fuera, seguir adelante sin él. Pero su sonrisa casi era una caricia.


–Llevo toda la vida intentando demostrar algo, tratando de ponerme a prueba –le dijo–. Si hacía algo, entonces me aceptaban – respiró profundamente–. Pero Betty me animó. Y después tú. Me dí cuenta de que no tenía que hacer nada especial, sino aceptarme como soy. Y el resto vendría solo.


–Está pasando.


–Te perdono. Estoy preparada para intentarlo, pero quiero al hombre que se esconde debajo de los trajes de ejecutivo, el chico que creció soñando con ser un SEAL.


–Es tuyo –Pedro le dió un beso en la frente.


Se apoyó en una rodilla y la agarró de la mano. Paula contuvo el aliento.


–¿Quieres casarte conmigo, Paula? ¿Quieres ser mi esposa, compañera y encantadora de perros?


Simba trotó hasta Paula. Llevaba una cinta blanca sujeta al collar y de ella colgaba... Un anillo.


–Estás hablando en serio.


–Le he pedido permiso a tu padre.


Alejandra y Miguel les observaban con una sonrisa en la cara.


–¿Qué me dices?


–Vengo con equipaje.


–Y también con tus cepillos para quitar el pelo. A eso lo llamo yo un trato justo.


–Sí –dijo Paula, llena de una felicidad repentina–. Sí. Me casarécontigo.


Pedro quitó el anillo del collar del perro. La banda estaba cubierta de diamantes diminutos y los del centro, más grandes, hacían la forma de la pata de un perrito.


–Pensé que un diamante grande te estorbaría un poco en tu trabajo. Pero si prefieres...


–Este es perfecto. No sabes cuánto.


Él le colocó el anillo.


–Te quiero.


–Te quiero.


Se dieron un beso en los labios, pero el ladrido de Simba les interrumpió. 


–¿Crees que está celoso?


Paula contempló el rutilante anillo y entonces le miró a él.


–No. Ese ladrido es de aprobación.


–Entonces vamos a darle muchos motivos para ladrar.


La besó con pasión. Una ola de alegría bañó a Paula por dentro. El Soltero del Año estaba fuera del mercado y ya no volvería a presentarse al concurso. Pero ese beso definitivamente se merecía un premio, el primero de muchos.






FIN

Atracción: Capítulo 47

 –Yo no quiero ser responsabilidad tuya. Me las arreglo muy bien yo sola.


–No estoy preparado para un compromiso emocional. No puedo permitirme tener una relación.


Paula sintió que algo se encendía en su interior.


–¿Permitirte una relación?


–A lo mejor no he usado la palabra más adecuada... Tengo que centrarme en la empresa, y en nada más, ni siquiera en los productos para animales.


Paula tragó en seco, pero no dijo nada. Él quiso tocarla, pero retiró la mano de inmediato.


–Mira, podría haber hecho esto de otra forma, pero no lo he hecho. Lo hemos pasado bien juntos. No dejemos que las cosas se conviertan en algo horrible.


–Esa es la primera cosa que dices con la que estoy de acuerdo – le miró a los ojos–. Gracias por haberme abierto los ojos y por haberme hecho ver la verdad.


–¿La verdad?


–No me mereces.


–Paula...


–Te comportas como alguien responsable y práctico, pero en realidad no lo eres. Creo que saliste conmigo para complacer a Betty y para tenerla contenta. Así te asegurabas de que no iba a timarla y lo pasabas bien al mismo tiempo.


–No. Salí contigo porque quería estar contigo. No hay ninguna otra razón.


–Pero cuando las cosas empezaron a ir un poco en serio y te diste cuenta de que tendrías que empezar a asumir riesgos, decidiste que se había acabado. Podrías haber hablado, pero eso te daba demasiado miedo, así que seguiste el guion de otra persona, tal y como has hecho durante toda tu vida.


–Eso no es cierto.


–Sí que lo es. Y yo lo sé porque he estado ahí. Pero ya me he cansado de vivir en el pasado, en parte gracias a tí. Pero tú sigues allí, por culpa de tu madre, de tu padre, de Antonella. Y no creo que vayas a salir de ese lugar. Nunca pensé que diría esto, Pedro Alfonso, pero me das pena.


Dió media vuelta y fue hacia la puerta. Pedro se puso en pie. Su corazón latía a toda velocidad.


–No tienes ni idea de lo que estás diciendo. 




Las semanas pasaron una tras otra. Pedro trataba de concentrarse en el trabajo, pero no hacía otra cosa que pensar en Paula. Esa noche tenía la cita de ensueño con la ganadora del concurso y no podía evitar preguntarse si había hecho lo correcto. Un sudor frío le corría por la nuca. Las cámaras despedían mucho calor y estaba muy nervioso. Había un camarógrafo junto a la mesa, filmando toda la conversación que mantenía con una preciosa rubia llamada Brenda Stevens.La joven miró hacia la cámara.


–No tenía ni idea de que íbamos a ser un trío –dijo.


–Nadie nos dijo que tendríamos chaperona y que todo iba a ser filmado –añadió Pedro.


–Bueno, creo que estamos experimentando lo que se siente cuando estás en un reality show –dijo ella.


–Me da igual.


–A mí también. A lo mejor podemos librarnos de él y buscar un sitio donde podamos... Hablar.


Su tono de voz sugería otra cosa, pero Pedro solo quería irse a casa. La única persona que ocupaba sus pensamientos se llamaba Paula Chaves. Agarró su vaso de agua y bebió un poco, pero no sirvió de nada. Bebió un poco más. Un extraño sentimiento le atenazaba por dentro. ¿Qué había hecho? Se había equivocado completamente. Al día siguiente iría a buscarla. Se disculparía. Le pediría una segunda oportunidad. Lo único que tenía que hacer era sobrevivir a esa cita de ensueño...


A la mañana siguiente, Pedro llegó a la casa de su abuela y llamó al timbre. Quien abrió fue la señora Harrison.


–Tu abuela está en su habitación.


–¿Qué pasa con Paula?


–Creo que va de camino a un concurso.


Al entrar en el dormitorio de su abuela, se la encontró haciendo la maleta. 


–¿Adónde vas?


–A Enumclaw, Washington –dobló una camiseta rosa–. Hay un concurso muy importante. Tenemos un puesto para vender los productos.


–¿Y Paula va a estar allí?


–Se fue ayer en la caravana con los perros y con sus padres. Me voy a encontrar con ella hoy –Betty dejó de meter ropa en la maleta un momento–. ¿Qué tal te fue tu cita de anoche? ¿Encontraste a la mujer perfecta?


El sarcasmo era evidente en su voz.


–No voy a volver a pedirle otra cita a la ganadora, si es eso lo que me estás preguntando.


–Por lo menos aún te queda alguna neurona –Betty continuó guardando cosas–. Antes de que se me olvide, tengo que pedirte que me reserves una semana de vacaciones. Le daré unas cuantas fechas a tu secretaria antes de irme.


–¿Por qué?


–Para tu regalo de cumpleaños.


–Pero si no es hasta enero.


–Pero con tu agenda, tengo que planificarlo todo con tiempo.


–¿Adónde voy?


–A un campo de entrenamiento de los Navy SEAL.


–¿Pero cómo...? –Pedro no daba crédito. 


Siempre había querido visitar uno de esos campos de entrenamiento, pero nunca había podido por falta de tiempo. Además, nunca le había dicho nada a nadie, ni siquiera a Leandro.


–Siempre te doy tu regalo en verano, porque tu cumpleaños casi coincide con las Navidades. Así me aseguro de que sea algo diferente, especial.


–¿Un campo de entrenamiento de los SEAL?


–Paula. Fue idea suya. Yo no las tenía todas conmigo.


–Es el regalo perfecto.


–Eso me dijo Paula.


Paula... ¿Quién si no? Ella le conocía de verdad. Era la mujer que necesitaba. Se había comportado como un idiota, pero la amaba. Quería recuperarla.


–Abuela...


Betty le acarició la mejilla.


–Estás tan pálido que pareces un fantasma.


–He cometido un gran error. 


–¿Con Paula?


Pedro asintió.


–Bueno, ¿Cómo piensas arreglarlo?


Atracción: Capítulo 46

El martes por la mañana, en el plató de televisión, Pedro sudaba a chorros bajo los focos. La luz roja de las dos cámaras le recordaba que el programa estaba siendo emitido en directo. De repente Ramiro, el compañero de Nadia, se echó a reír. Era evidente que no le había prestado atención suficiente.


–La gran pregunta que se hacen todas nuestras espectadoras es...


–Espectadoras solteras... –dijo Nadia, interrumpiéndole–. Aunque a lo mejor algunas casadas también.


Ramiro rió, mostrando esos dientes de luz cegadora.


–¿Hay alguna mujer especial en tu vida, Pedro?


Pedro respiró profundamente.


–No hay nadie especial, y es una pena.


–¿Y por qué? –le preguntó Ramiro.


–Porque quiero tener una familia.


Nadia y Ramiro intercambiaron miradas cómplices.


–¿El Soltero del Año de Boise quiere tener familia? –dijeron ambos a la vez.


Pedro tragó el nudo que tenía en la garganta y ahuyentó los recuerdos de Paula. Tenía que seguir el guion.


–Sí. Quiero tener familia. Tener una familia es importante para mí.


Nadia le tocó el brazo. Por alguna extraña razón, esas uñas rojas que llevaba le recordaron a una araña venenosa, de esas que se comían a los machos.


–¿Y qué busca un empresario de éxito como tú en una mujer?


–Busco una mujer educada, con sentido del humor y estilo, que esté en buena forma, sofisticada, con don de gentes, que le guste viajar, que tenga buen oído para la música... Y con buen gusto culinario.


Eran palabras vacías. Esa mujer era igual que él, pero Paula era mucho más que eso. Era divertida, vital. Le alimentaba el alma.


–Puede que haya unas cuantas mujeres en Boise que cumplan esos requisitos –dijo Nadia.


–Eso espero... Quisiera poder usar con mis propios hijos los nuevos productos para niños de Fair Face.


Nadia suspiró junto con el público.


–A lo mejor podemos ayudarte a encontrar a esa mujer –dijo Ramiro.


–Vamos a celebrar un concurso en la página web para encontrar a la mujer perfecta para nuestro Soltero del Año –dijo Nadia, asintiendo con entusiasmo.


–Podría encontrarse entre el público en este momento –dijo Ramiro–. Conectense a nuestra página web y averiguen si tienen las cualidades para ser la mujer perfecta para Pedro. El premio es una cita de ensueño con nuestro Soltero del Año. ¿Y quién sabe? ¡La cita podría convertirse en algo más!


–Gracias –dijo Pedro–. Me vendrá bien tener un poco de ayuda para encontrarla. 




Paula se quedó inmóvil, mirando la televisión, pero sin ver nada. Apolo y Pipo estaban junto a ella, uno a cada lado. La garganta le ardía. Los ojos le escocían. «No llores. No llores. No llores». Encendió el DVD para grabar la entrevista. Tenía ganas de vomitar. Estaba claro que no era la mujer perfecta para él. «Buen gusto culinario...». Los perritos calientes no entraban en ese perfil de mujer. Los perros empezaron a moverse. Los dejó marchar. ¿Por qué se había dejado llevar por Betty y su entusiasmo? En una ocasión le había dicho a Pedro que no iba a fingir ser otra persona, no después de todo lo ocurrido con Nicolás. Pero, si no era lo que él quería, ¿Era esa su forma de romper con ella? No podía contestar a la pregunta por sí sola, pero tenía intención de encontrar la respuesta. 




De no haber sido por la hora, el champán hubiera corrido por los pasillos de Fair Face. El interés en los nuevos productos infantiles se había disparado tras la entrevista televisiva. Había sido una estrategia brillante, un golpe maestro. Todas las dudas se habían disipado rápidamente. Solo quedaba un cabo suelto que atar... Paula.


–La señorita Chaves está aquí –le dijo su secretaria de repente.


Pedro se sorprendió. Jamás hubiera esperado que fuera a buscarle.


–Hazla pasar.


Paula entró en el despacho. Su rostro hablaba por sí solo. Al verla entrar, los demás se marcharon.


–Te veo en la cafetería –dijo Martín.


Pedro asintió con la cabeza.


–Enseguida bajo.


La puerta se cerró. Pedro rodeó el escritorio y se apoyó en él.


–¿Viste la entrevista?


–Sí. Estoy segura de que los servidores del programa se van a colapsar con todas esas mujeres que quieren tener una cita de ensueño contigo –le dijo en un tono sarcástico.


–Solo es un concurso. Publicidad.


–¿Publicidad? Describiste a una mujer que no puedo ser yo.


–El departamento de relaciones públicas me dio la lista de características. No fue cosa mía. Además, tampoco es que estemos saliendo en serio.


–Vaya –Paula le miró como si no le conociera de nada–. Por lo menos ahora tengo moratones en las dos mejillas.


–No quería hacerte daño –dijo Pedro, consciente de que ya no podía retirar lo que había dicho.


–¿Y qué pasa ahora?


–No me encuentro en situación de tener una relación seria.


–Ya me he dado cuenta yo sola de eso.


–Tú también estás muy ocupada con los productos caninos y con tu carrera como adiestradora.


–No me eches la culpa a mí.


–Muy bien. De acuerdo. Soy yo.


–Sí. Eres tú. Quiero saber por qué saliste conmigo.


–Porque era divertido.


–Divertido. Pensaba que había algo más serio.


–No. No puede haberlo. Lo siento. Me he dejado distraer. Tengo que volver al trabajo.


–¿Entonces se trata de Fair Face?


–Después de la muerte de mi padre, todas las expectativas y sueños de mis abuelos recayeron sobre mí. Me he pasado la vida intentando hacer todo aquello que no hizo mi padre, por mi familia y por Fair Face. No puedo cargar con nada más.


–Te refieres a mí.


–Sí. 

Atracción: Capítulo 45

 –Gracias por invitarme a cenar. No me lo esperaba.


Estaban en un café italiano en Boise.


–Me alegro de que no tuvieras otros planes –dijo Pedro.


Paula no podía imaginar manera mejor de pasar un viernes por la tarde.


–Bueno, tengo que admitir que fue una elección difícil. O salía a cenar contigo o me preparaba para el concurso de mañana.


Pedro levantó la vista del menú.


–Me siento halagado de que me hayas escogido.


–Quería que supieras que Carolina está trabajando en las etiquetas para los productos caninos. Se le da muy bien el diseño. Ya verás cuando esté terminado.


–Pedro...


–De acuerdo. Igual me excedí un poco –la miró por encima del menú con ojos pícaros–. Pero te alegrará saber que Caro rotará por distintos departamentos cada semana para ver qué trabajos están disponibles en Fair Face.


–Eso es estupendo.


–Ya veremos cómo sale.


–Ten fe.


Pedro guardó silencio.


–¿Un día duro?


–Lo mismo de siempre.


Esa respuesta tan escueta no era propia de él.


–¿Ya sabes qué vas a pedir?


–El salmón tiene que estar muy bueno. ¿Y tú?


–El especial de fletán tiene que estar riquísimo.


–Sí.


–¿Pasa algo?


–Yo no lo diría así precisamente.


–¿Qué pasa? –Paula bebió un poco de agua para deshacer el nudo que tenía en la garganta.


–Me han nombrado Soltero del Año de Boise.


Paula se atragantó, pero logró tragarse el líquido.


–Vaya. Debes de estar... Muy emocionado.


–Yo no diría tanto. 


–¿Entonces no es para tanto?


–Todo el mundo en Fair Face insiste en que va a ser un bombazo publicitario.


–¿Un bombazo?


–Me van a entrevistar en Good Day Boise la semana que viene.


–Vaya. Una entrevista en la televisión. Eso es algo grande.


–Ya me han hecho entrevistas antes.


Paula levantó su copa.


–Enhorabuena.


–¿No te importa?


–¿Y por qué iba a importarme? No veo que tengas un anillo en el dedo.


Pedro guardó silencio. Paula bebió un sorbo de agua.


–Gracias por entenderlo.


–¿Y por qué no iba a entenderlo? Es todo un honor.


–Eres genial. Lo sabes, ¿No?


–Gracias. Aunque no me cabe duda de que las mujeres van a arrojarse a tus pies para conquistar el corazón del Soltero del Año.


Pedro le devolvió la sonrisa.


–Pueden intentarlo si quieren, pero no lo van a conseguir.


–Me alegra saberlo.


–No te preocupes por nada de esto. Solo va a ser una estrategia publicitaria para promocionar los nuevos productos infantiles.


–Soltero y bebés. No es una combinación usual.


–Así es como se hacen los negocios hoy en día.


Negocios... Le había oído decir cosas similares muchas veces, pero esa vez había algo que la inquietaba, algo que no era capaz de explicar con palabras. Era un sentimiento extraño, una voz de alarma.


–Pareces contenta –le dijo él.


–Lo estoy.


–Me has puesto de muy buen humor.


–Estar contigo me hace feliz –dijo ella.


–Quiero que seas feliz.


El corazón de Paula revoloteó. Sabía que era cierto. «Te quiero». Era tan fácil decirlo. Las palabras colgaban de sus labios.

martes, 12 de julio de 2022

Atracción: Capítulo 44

 –¡Espera!


Adrián y Martín asintieron compulsivamente.


–Pensaba que estaban deseando marcharse.


–Hay otra cosa –dijo Soledad, abriendo la puerta.


Una luz brillante iluminó la sala de juntas.


–¿Pero qué...?


Una atractiva mujer, vestida con un traje marrón, entró en la sala. Llevaba un micrófono en una mano y una botella de champán en la otra. Sus dientes blanqueados resultaban tan cegadores como la luz de la cámara que tenía detrás.


–Soy Nadia Martin, de Good Day Boise. Enhorabuena, Pedro Alfonso, ha sido nombrado Soltero del Año de Boise.


Con un movimiento inesperado, le dió la botella de champán y le puso el micro delante de la cara.


–Emocionante, ¿Verdad?


Pedro sintió que el estómago le daba un vuelco. La reportera tenía el brillo de los depredadores en la mirada, como si estuviera dispuesta a hacer cualquier cosa para conseguir su historia. Sin saber qué decir, se puso en pie.


–Gracias –la palabra salió de su boca más rápido de lo que esperaba–. Es... Todo un honor.


–Desde luego –Nadia batió las pestañas–. Recibió varias nominaciones.


¿Pero quién podía haberle nominado para Soltero del Año? No era el estilo de la abuela, pero Carolina sí tenía un extraño sentido del humor.


–Esto es de lo más inesperado. Estoy... Sorprendido.


–Pues yo no –Nadia le dedicó su mejor mirada seductora–. Chicas, aquí tenemos a un soltero que merece la pena conocer a fondo, porque es una joya.


Pedro no sabía qué decir, así que se limitó a sonreír. Los músculos de la cara le dolían.


–Soy Nadia Martin y me encuentro con Pedro Alfonso, director de Fair Face. ¡El Soltero del Año de Boise!


Las luces se apagaron. El objetivo de la cámara apuntó al suelo. Por fin podía ver de nuevo. Y respirar.


–Te veo el martes –dijo la reportera de repente.


–¿Martes?


–En el estudio.


–Te van a entrevistar en Good Day Boise –dijo Soledad, más solícita que nunca–. Tengo todos los detalles.


Pedro no daba crédito a lo que estaba oyendo.


–Nos vemos el martes entonces –trató de mantener un tono de voz calmo.


Nadia abandonó la sala.


–Sientense.


Los tres empleados tomaron asiento. La sonrisa de Pedro se borró de inmediato.


–¿Qué demonios es esto?


Martín y Soledad miraron a Adrián. Éste último movía el bolígrafo entre los dedos, haciéndolo girar cada vez más rápido.


–Adrián –dijo Pedro, lanzándole una mirada fulminante.


–Mi esposa me habló del concurso. Pensé que sería buena publicidad para Fair Face.


–Y yo estuve de acuerdo –dijo Martín.


–Yo también –dijo Soledad–. Es una oportunidad muy buena.


–¿Soltero del Año de Boise? –Pedro agarró el bolígrafo y golpeó la mesa–. ¿Se han vuelto locos?


–Es muy sencillo –dijo Martín–. Estamos recibiendo muy buenas críticas por la línea de productos infantiles. Las madres no dejan de llamar, pidiendo muestras. Es el momento perfecto para esto.


–Esta clase de publicidad no tiene precio –dijo Adrián–. Es por eso que te hemos nominado.


–¿Los tres?


Soledad abrió una carpeta.


–Hazte el soltero de oro. Dí que quieres sentar la cabeza.


–¿Qué? ¿Sentar la cabeza?


–Y tener familia –añadió Soledad–. El hecho de mencionar que quieres tener familia preparará el terreno para los nuevos productos infantiles.


–¿Cuál es el premio?


–Una cita contigo –dijo Adrián, sonriendo.


–Por favor, dime que se trata de una broma.


–No es una cita cualquiera. Es una cita de ensueño. Un paseo en limusina, una cena romántica en Pacifica, una discoteca para bailar... –añadió Soledad.


Pedro se revolvió en la silla. A Paula no le iba a gustar todoaquello.


–Pondremos un cartel publicitario enorme para promocionar el concurso, en algún lugar muy visible, donde pueda verlo todo el mundo –dijo Martín–. Lo podremos en la página de Facebook. Incluso podemos promocionarlo a nivel nacional. Podemos ofrecer billete de avión y hotel si la ganadora no es de Boise.


–Esto tiene que ser una broma.


–¿Te parece que estoy de broma? –dijo Adrián, como si el futuro de Fair Face dependiera de ello–. Tus requisitos para la mujer perfecta aparecerán en la web del programa. Las chicas podrán rellenar un formulario y ver si son compatibles.


Pedro tiró el bolígrafo.


–Eso es...


–Una estrategia de marketing brillante –dijo Martín–. Si terminas saliendo con la ganadora...


–Imagina si te casas con ella... –dijo Soledad.


–Estoy viendo a alguien.


–¿Estás viendo a alguien? ¿O saliendo con alguien? –preguntó Adrián.


Pedro titubeó.


–No es algo tan serio.


–Entonces no debería ser un problema –dijo Adrián.


–Ponte en mis zapatos.


–Bueno, un nuevo par de zapatos arregla muchas cosas, a veces hasta el corazón –dijo Soledad.


–No es nada personal. Es una decisión de negocios –dijo Martín–. Cuando terminemos con la campaña, dos de cada cinco madres usarán nuestros productos.


Pedro guardó silencio. Pensó en la exposición mediática, en los beneficios...


–Muy bien. Hagámoslo.