jueves, 7 de diciembre de 2017

Irresistible: Capítulo 14

Murmuró algo sobre  que había  algunas  cosas  que era  mejor  olvidar,  y  por la testaruda expresión de su cara ella supo que no diría nada más. De todos modos no le  había  dicho  prácticamente nada.  Paula tuvo  la  sensación de que la vuelta  de  Pedro a Destiny no le había traído recuerdos solo a ella.

—No estás de  muy  buen  humor  hoy  —dijo—.  ¿Ocurre algo?  ¿Has tenido  noticias de Nadia?

Marcos llevaba un año divorciado. Su joven esposa los había abandonado a él y a su hijo de dos años por un trabajo en Nueva York. Marcos negó con la cabeza.

—Mandó un paquete para el cumpleaños de Benjamín, que es el mes que viene, y una nota diciendo que iba a estar demasiado ocupada y no podría venir a verlo.

Paula tocó su brazo en un gesto de compasión.

—¿Qué tal está Benjamín? —le preguntó.

Marcos sonrió con tristeza.

—Él es lo mejor que tengo en mi vida, pero si no fuese por Rosa Morgan... —movió la cabeza preocupado—. No sé qué haría sin ella. Es una buena ama de llaves y una buena niñera, como una madre para Benja.

—Tiene una hija, ¿No? —preguntó Paula.

Marcos asintió.

—Se llama Daniela. Es doctora. Ahora está aquí.

 —¿En tu casa?

—Sí.

—¿Es guapa?

Dev asintió.

—¿Te gusta?

—Aunque así fuera, está totalmente dedicada a su trabajo, y eso no encaja en lo que yo necesito —dijo Marcos moviendo los pies con nerviosismo—. Además, no la voy a  ver  mucho porque sustituye  al  doctor  Holloway  mientras  él está  fuera. Empieza hoy.

Para  ser un hombre  de  pocas  palabras,  aquello decía perfectamente lo que sentía Marcos.

—Pedro le  ha  pedido  que  se  encargue de las guardias médicas de los  campeonatos, se celebren donde se celebren.

Aquello  la  devolvió  a  su  preocupación  principal.  ¿Tendría  su  rancho  alguna  posibilidad de ser elegido para celebrar el campeonato?

—Respecto a lo que hablábamos al principio, Camila no es la única Chaves a la que Pedro guarda rencor —dijo ella.

 —Me enteré de su chapuzón involuntario en la piscina —dijo Marcos haciendo una mueca burlona.

—No tengo por qué dar explicaciones, pero te diré que no siento por él nada en absoluto —se apresuró a decir ella.

—¿Acaso te lo he preguntado? —replicó él.

—No pero era solo cuestión de tiempo que lo hicieses —replicó ella.

—Diez años son muchos años. Ni siquiera Pedro Alfonso puede guardar rencor durante  tanto  tiempo.  De  todos  modos,  ten  cuidado,  porque  las cosas  que  más  queremos tienden a escapársenos.

Paula  recordó la forma tan intensa en que Pedro la miraba mientras la sujetaba en brazos, y el recuerdo de sus pechos rozando el fuerte torso de Pedro le provocó una  sensación  de  calor  en  el  vientre.  Tenía  que  ser  capaz  de  controlar  aquella  atracción, o recuerdo, o lo que fuese, antes de verlo otra vez.  En  aquel  momento,  él salió  de  una  cafetería  y  se  dirigió  hacia  donde  se  encontraba ella. Por la expresión de su cara, no parecía demasiado contento. Un mal presentimiento se apoderó de Paula.   ¿Se habría decidido ya?   ¿Cuál   sería su  respuesta?

 Mientras se dirigía hacia ellos, Pedro vió a Paula sonreír a Marcos Hart. Aquello lo hizo  enfurecer,  y  lo  que más lo disgustó  fue  precisamente  sentir que  se  enfadaba.  ¿Por qué tenía que molestarlo verlos juntos?  Marcos y  él  habían  sido  amigos.  Se  habían  mantenido  en contacto  durante  todo  aquel tiempo, quizá debido a lo que pasó aquella noche junto al lago diez años atrás. Pedro movió la cabeza para librarse de aquel recuerdo no deseado. El  hecho  era  que  quería  y  respetaba  a  Marcos,  aunque  éste  había  logrado lo  que él siempre  deseó:  familia,  raíces  y  dinero.  Lo  de  las  raíces  lo  hizo  pensar  en  Paula y  en  lo  que  ella  le  dijo  al  respecto  en  el  rancho,  y  aquello  hizo  que  su  furia  aumentase. Marcos y ella tenían mucho en común: una familia y unos lazos con aquellas tierras  que  él  nunca  comprendería;  además,  Marcos no  iba  dando  tumbos  por  la  vida  como él. Lo que sentía en aquel momento eran celos. Pero aquello era imposible, porque para sentirse celoso había que querer a alguien y él había perdido aquella capacidad hacía mucho tiempo. Se detuvo junto a ellos.

—Hola, Paula. ¿Qué tal, Marcos? —saludó tendiendo la mano.

—Hola,  Pedro—contestó  Marcos sonriendo  mientras  le  estrechaba  la  mano  y  le  palmeaba la espalda—. Me alegro de verte.

—Yo también.

—¿Qué tal te va?

—Nunca me había ido mejor —dijo Pedro.

—Vaya, ¿Algún problema? —preguntó Marcos enarcando una ceja.

—No. Todo va bien —contestó Pedro.

—Ya.

Irresistible: Capítulo 13

Dos días después de la visita de Pedro, Paulafue a la ciudad, a la tienda de su amiga del instituto Florencia Benson, que se dedicaba a vender antigüedades, regalos, artesanía y artículos elaborados a mano.

—¿No me vas a decir  lo que sentiste  al volver a ver  a  Pedro Alfonso?  —preguntó Florencia, de pie tras el mostrador.

Paula negó con la cabeza.

—No sentí nada en absoluto —mintió—. Bueno, me marcho. Tengo que ir a ver si han cargado la avena en mi camioneta.

—Puedes correr, pero no te puedes esconder —dijo Florencia.

—Lo más importante  para mí  es  asegurarme  de  que  el  rancho  de  vacaciones  tiene éxito. Necesito a Pedro...

—¡Lo sabía! —dijo Florencia en tono triunfal.

—No me has dejado terminar, Flor. Necesito que Pedro escoja mi rancho para el campeonato; entonces tendré una posibilidad.

—Pues espero que lo haga, porque así  me comprarás  más  cosas  a  mí  y  podrás  mandarme clientes. Todos saldremos ganando.

 —Ya estás haciendo un buen negocio —señaló Paula.

—Nunca es suficiente.

—No voy a discutir eso contigo —dijo Paula mirando al tractor de suministro en la calle—. Tengo que solucionar lo de la avena.

Paula abrió la puerta y se despidió de Florencia con la mano antes de cerrar. Al otro lado de la calle estaba el tractor de suministro de Charlie, y Paula había dejado su camioneta junto al dispensador para que la manguera la llenara de avena. Mientras cruzaba la calle se encontró con Marcos Hart.

 —¡Qué hay, vecina! —dijo él—. Hacía tiempo que no te veía.

 —Hola —dijo ella sonriendo al atractivo ranchero.

Él se quedó de pie junto a ella mientras  miraban  cómo  la  camioneta  se  llenaba  de  avena.  Marcos medía  al  menos  un  metro  ochenta  y  cinco,  y  tenía  un  hoyuelo  de  lo  más  seductor  en  la  barbilla.  Sus ojos castaños  y  su  pelo  no  eran  para  tirar  cohetes,  pero en términos generales hacía que los corazones de las mujeres se aceleraran. Todos menos el de Paula, porque sus experiencias habían sido muy negativas. Pedro fue su primera lección, y su ruptura con Lucas McCoy la última. El único amor que se volvería a permitir era el que tenía por su tierra, y si su corazón se volvía a  romper,  al  menos  no  sería  por  algo  relacionado  con  una  persona.  A  no  ser  que  Pedro le  hubiese  mentido,  porque  si  él  no  era  justo  y  completamente  objetivo en  la  elección  del  rancho,  sería  un  dolor  muy  relacionado  con  una  persona  el  que  su  rancho se hundiese. Hacía dos días que no lo veía, y estaba a punto de volverse loca preguntándose cuándo  se  decidiría.  En  aquel  momento  recordó  que  fue  Marcos quien  le  ofreció  el  puesto de presidente. Paula se aproximó a él.

—¿Has visto a Pedro Alfonso? —le preguntó.

 —No —dijo Marcos negando con la cabeza—. Pero he hablado con él.

—¿Sí? —dijo ella tratando de parecer indiferente.

—Me habló sobre los lugares que ya ha visto para el campeonato, si es a lo que te refieres. Paula sonrió.

—Me conoces demasiado bien, así que, aprovechándome de nuestra amistad, te voy a hacer una pregunta: ¿Crees que tengo alguna posibilidad de conseguirlo?

—Sí. ¿Por qué te preocupas? —preguntó Marcos quitándose el sombrero vaquero y pasándose una mano por el pelo.

—Teniendo en cuenta lo que las hermanas  Chaves le  hicieron, creo que debo  preocuparme.

—Eso fue hace diez años —señaló Marcos—.   Entonces éramos  jóvenes  e  inexpertos; todos cometimos errores.

Las palabras de  Marcos  eran  para  darle  ánimo,  pero Paula percibió  cómo  una  sombra  cubría sus  ojos  y apretaba  los  labios  con  fuerza,  así  que  no  pudo evitar  preguntarse qué más estaría recordando.

—¿Te refieres a Camila? —preguntó ella.

—Me refiero a todos, pero Jen se tiró de cabeza con los ojos cerrados —dijo Marcos.

—¿Cómo  puedes decir  eso?  ¿Acaso  fue  un  error  seguir  a  su  corazón  y  fugarse  con el amor de su vida?

 —Solo tenía dieciocho años. ¿Qué sabía ella sobre Diego Adams?

Paula se  dió  cuenta de que en lugar de contestar a su pregunta,  Marcos le  había  hecho otra.

 —Camila lo amaba. Era el único hombre para ella en el mundo. ¿Qué quieres decir?

—Cuando  una  chica  es  tan  joven,  las  estrellas  en  los  ojos  pueden  nublar  su  vista. Si hubiese esperado, quizá...

—¿Qué? —quiso saber Paula.

—Ya no importa —dijo Marcos negando con la cabeza—Diego ya no está.

martes, 5 de diciembre de 2017

Irresistible: Capítulo 12

—Nada.

—No importa, me las arreglé yo solo —dijo Pedro.

—Ya sabía eso antes de marcharme. Bueno, ya no tengo que preguntarme si te acuerdas  o  no  —dijo ella intentando sonreír—.  La pregunta es:  ¿Realmente piensas que es agua pasada o me guardas algún rencor?

Le había gustado sentirla en sus  brazos y a pesar  suyo,echaba de  menos  su calor y suavidad,  y  la forma en que ella le había rodeado el cuello. Pero si le contaba aquello, sería mejor esperar a no estar tan cerca de la piscina. Si la historia se repetía, ella  no  dudaría  en  volver  a  empujarlo.  Pedro se dió cuenta  de  que  además de sus otros encantos, le gustaba el pronto que tenía.

 —¿Quieres decir que si lo voy a utilizar para no darte el contrato del rodeo?

—No juegues conmigo, Pedro.   Claro que me refiero a  eso.   Necesito  la  publicidad y tiene que estar dentro de mi presupuesto.

—Ya me he enterado  —dijo  Pedro tratando  de  ignorar  la  forma  en  que  su  sinceridad la hacía sonrojar como si un hombre acabase de hacerle el amor.

—Esta es tu oportunidad, Pedro.

—¿A qué te refieres?

—Podrás  tomarte  la  revancha  con  las  dos  hermanas  Chaves—dijo  ella  metiendo las manos en los bolsillos del pantalón—. De hecho, es la ocasión perfecta para vengarte también de mi padre, por la forma en que te trató.

—Él ya no está, Paula. ¿Por qué querría yo hacer eso?

Ella se encogió de hombros.

—Solo  quería  comentarlo,  se  me  pasó  por  la  cabeza.   Creo  que  los  dos deberíamos dejar nuestras cartas sobre la mesa.

—Pero tú las pones solo ahora, cuando sabes que yo lo recuerdo.

Paula hizo una mueca con la boca.

—Seré muchas  cosas,  pero nunca me han  llamado  idiota.  Si  el  desafortunado  incidente de la piscina se te hubiese olvidado, no habría sido muy inteligente por mi parte recordártelo, ¿Verdad?

 —Supongo que no —acordó él.

—Entonces, ¿Cuál es tu plan? ¿Te vengarás o serás benévolo para demostrar que hemos enterrado el hacha de guerra?

Pedro se quedó pensativo. Paula nunca hizo nada para hacerle daño, y la idea de  hacer  algo  que  la  perjudicase no le  gustaba.  Ella  sería  la  más  afectada por su decisión.  Hizo un esfuerzo para apartar aquellos pensamientos; de ninguna manera iba a ablandarse.

—Estoy aquí para encontrar  un  sitio  para  el  rodeo.  Eso es  todo.  Tu  rancho  cumple  los  requisitos,  pero  tengo  que  ir  a  ver  otro  sitio.  El  rancho  de  Gabriel O'Connor.

—Pero si él es el sheriff. No sabía que estuviese interesado.

—Me dijo que no le importaría que se celebrase allí si era necesario —dijo Pedro metiendo los pulgares en los bolsillos—. Si tu rancho es el mejor tendrás el contrato, si no... —añadió pero no terminó la frase.

 —¿Será una evaluación justa? —preguntó ella.

—Lo será.

—Lo  único que pido  es  que  la  evaluación  de  mi  rancho  sea  tan  objetiva  como  las de los demás.

—Y la tendrás —contestó él—. Este evento es importante para los muchachos.

Paula asintió y después sonrió.

—¿Estás seguro de que no hay nada que pueda hacer para ganarme tu favor?

Aquello  sonaba  peligroso.  Sus  palabras  se  burlaban  de  forma  inocente  y  él  lo  sabía,  y  no  estaba  siendo  seductora  a  propósito,  pero  lo  era.  Él  la miró  con  escepticismo,  haciendo  un  esfuerzo  por  mostrar  despreocupación  al  tiempo que su  respiración se aceleraba por las ideas que le cruzaban la mente.  Lo primero en la lista eran besos lentos y apasionados.

—¿En  qué estabas pensando?  —preguntó  él con  la  voz  un  poco  más  profunda  de lo normal.

—Dicen que se llega al corazón de  un  hombre,  en  este  caso  a  su  aprobación,  a  través de su estómago. Podría prepararte la cena.

—Ya —dijo él y se preguntó si se notaría la decepción que sentía.

 No debería estar pensando en aquellas cosas;   Paula no era  como  las  admiradoras  que  lo  acosaban en  el circuito.  Además,  ella  pertenecía  a  la  familia  fundadora de Destiny. El tiempo y la experiencia le habían mostrado por qué lo suyo con Jen no había funcionado, por lo mismo por lo que no funcionaría con su hermana pequeña. Por mucho que se sintiese atraído por el cuerpo de Paula, por sus grandes ojos castaños y su pelo, en el que le gustaría enterrar las manos, no iba a permitir que aquello interfiriese en los negocios.

—Me gustaría quedarme a cenar —dijo él—, pero tengo una cita. Después tengo que  buscar un  sitio  donde quedarme e instalar  el  centro  de  operaciones  para  que  todo empiece a funcionar.

—De acuerdo —asintió ella—. Quizá en otro momento.

—Quizá —dijo él.

Pero pensaba que sería un  idiota si estrechaba  la  relación  con  ella.  Paula Chaves activaba sus señales de alarma, podía acarrearle problemas.

Irresistible: Capítulo 11

Pedro sabía que Paula  estaba  actuando  de  forma  extraña.  Finalmente  se  dió  cuenta de que era porque no estaba segura de si él recordaba que lo había empujado a la piscina diez años atrás, así que ahora podían jugar los. Dobló las rodillas y bajó los brazos repentinamente, como si fuese a soltarla. Ella gritó y se agarró a él. A Pedro le gustaba la forma en que Paula le rodeaba el cuello con sus brazos. Pero, sobre todo, le gustaba sentirla apretada contra él; era dulce y femenina, y tenía unas  curvas  perfectas,  incluyendo  sus  pechos.  Estos  eran  nuevos  para  él,  pues  la  última  vez  que  la  vio,  cuando  se  lanzó  contra  él  y  lo  besó,  estaba  más  lisa  que  una  tabla. Tragó  saliva  y  miró  su  cara,  admirando  aquellos  grandes  y  bonitos  ojos  castaños.  Y  su  boca,  tan  cercana.  Lo  único  que  tenía  que  hacer  era  inclinarse  hacia  delante un poco y robarla un beso.

—¿Puedo hacerte una pregunta?  —dijo  él. 

No podía resistirse a  mantenerla  suspendida un poco más.

—¿Qué? —dijo ella mirando el agua antes de mirarlo a él.

—Si aquella noche hubieses sabido que  había  descubierto a  tu hermana  y a  Diego juntos, ¿Me habrías empujado de todos modos a la piscina?

—Sí  —dijo ella sin dudarlo—.  Te lo tenías merecido.  Te portaste  muy  mal conmigo.

Los recuerdos de la  única  vez  en  su  vida  que  había  sido  casi  completamente  feliz volvieron a apoderarse de Pedro. Camila, su primer amor; la chica con la que todos querían estar y que él pensaba que era suya hasta que la encontró con Diego. Aquello lo destrozó. Perdió la cabeza y pegó a Diego hasta que Camila consiguió  apartarlo.  Después, furiosa, le dijo que no quería volver a verlo. Ellos se marcharon y él se fue a la piscina a  pensar,  sintiéndose  engañado, furioso y queriendo hacerle a otra  persona  tanto  daño  como  le  habían  hecho  a  él,  y así es como  se  lo encontró  Paula.  Ella  le  había  dicho que lo amaba y lo besó inocentemente.  Pedro arremetió contra la única persona que le había dado amistad. Pasó mucho tiempo hasta que se arrepintió de aquello y del hecho de no haber tenido la oportunidad de contarle a Camila la verdad sobre Diego antes de que se casasen. Cuando éste murió, ya no tuvo sentido. Se encontró con la mirada de Paula.

—Tienes razón, no era buena compañía aquella noche, pero intenté avisarte.

—Éramos  amigos,  y los amigos intentan ayudarse  cuando surge  un  problema.  Yo no abandono a la gente por la que me preocupo.

—¿Te preocupabas por mí?

—Sí.

Pedro sintió  que  los  pechos  de  ella  estaban  apretados  contra  él;  las  estilizadas  caderas  y  la  estrecha  cintura  estaban  apoyadas  contra  su  estómago, y su  dulce  respiración  le  abanicaba la  cara.  También  se  dió  cuenta  de  que pensar  era  una  cosa,  pero actuar en consecuencia sería una estupidez.

—Por  cierto  —dijo  ella  agarrándolo  con  fuerza—  ¿Te  importaría  dejarme  en  el  suelo?

Claro que sí le importaría. Cuando la miró a los ojos, vió una preocupación que estaba   seguro de  que  no tenía  nada  que  ver  con  caer  a  la   piscina.   ¿Qué  la  preocupaba? ¿Y por qué lo molestaba que ella estuviese preocupada?

 —Aún no he decidido dónde dejarte —dijo sinceramente.

Ella se agarró con más fuerza aún.

 —¿Has  cambiado de opinión sobre  lo  de  no  ver o hablar con nadie  que  se  apellide Chaves?

 —¿Cómo? —preguntó él.

No tenía ni idea de qué estaba hablando.

—La noche que te empujé a la piscina me dijiste que no querías tener nada que ver con Jen o conmigo porque...

—Porque te apellidabas Chaves—terminó él.

Pedro se había olvidado de aquello, pero Paula no. Obviamente le había hecho mucho daño. ¿Habría sido él su primer amor?

—Para  contestar a  tu  pregunta  —dijo  él— no  me  importa  ser  amigo  de  cualquiera. La amistad pura es algo muy bonito.

—¿Pura? —preguntó ella.   

—Sí, me refiero a cuando a alguien le gustas por tí mismo, no por lo que puedas hacer por él.

Camila  había sido su primera  lección.  Ella lo quería porque su padre no lo aprobaba. En el circuito, las mujeres se le  acercaban  porque  ganaba  mucho  dinero  y  era famoso. Lo  que  Paula quería  era  que  se  celebrase  el  rodeo  en  su  rancho  para  dar  publicidad al rancho de vacaciones. Lo único que la diferenciaba de las demás es que ella  había  sido  sincera.  Sería  un  idiota  si  se  dejase  atraer  por  ella.  Nadie  se  había  interesado nunca por él. ¿Por qué iba a ser ella distinta?

—Sé cómo funciona el mundo real —dijo dejándola en el suelo—. Ya no soy un niño.

—Yo tampoco —dijo ella alejándose.

Tomó aire y suspiró.

—¿Sabes lo que pesan  unos  vaqueros empapados?  —le  preguntó  Pedro—.  ¿Y  unas botas llenas de agua? Podría haberme ahogado.

—Te merecías eso y más después de lo que me dijiste. Había niños alrededor de la piscina —le dijo—y se rieron cuando...

—¿Qué?

Irresistible: Capítulo 10

¿Acaso  estaban  destinados  a  hacer  negocios  mutuamente  con  un  cebo?  ¿Acaso  era  aquella  la  forma  de  llevar  un  rodeo?  Deseaba  simplemente  poder  decirle  que  la  avisara  cuando  hubiese  tomado  una  decisión,  pero  había  llegado  demasiado  lejos  como para echarse atrás.

 —Iba  a  decir  que  una  promoción  por  parte  de  un  campeón  de  rodeo  famoso  ayudaría bastante a correr la voz —dijo enarcando una ceja—. Una persona como tú atraería la atención incluso de las personas que no van a los rodeos.

—¿Publicidad  gratuita?  —preguntó  él,  aunque  empezaba  a  sonreír  y  aquello  hizo que Taylor también sonriese.

—Una chica tiene que hacer lo que tiene que hacer. No me licencié en Dirección de Ranchos para nada.

 ¿Cómo puede salir mal algo que es gratis? Estaban llegando a la piscina y al jacuzzi que ella había instalado. Tenía sentido que  los  huéspedes  quisiesen  relajarse  y  refrescarse  después  de  un  acalorado y polvoriento paseo a caballo. Su idea era atraer a los huéspedes con la experiencia del rancho al mismo tiempo que les ofrecía todas las comodidades de una casa. Desgraciadamente  la  visión  de  la  piscina  la  hizo  sentirse   incómoda.  ¿Lo ayudaría a recordar lo que ocurrió  hace  diez  años?  Si  hubiese  estado  atenta,  habría  estacionado al otro lado de la casa, pero desde que estaba él allí no había tenido un solo pensamiento coherente. Ojalá él no se fijase en la piscina. A  medida  que  se  acercaban,  ella  se  puso  entre  él  y  la  piscina  y  deseó  ser  más  alta para taparle la vista. Paula señaló en la dirección contraria.

—Mira qué nubes. ¿Crees que habrá tormenta?

 Él se dió la vuelta para ver de qué estaba hablando y volvió a mirarla a ella.

—No lo creo, son nubecillas muy pequeñas.

Mientras continuaban andando, ella le señaló otra cosa para enseñarle.

—Quiero plantar flores  allí  —dijo  ella esperando  distraerlo.  Un  poquito  más  lejos y llegaría a casa a salvo—. Para darle color al rancho.

Pedro la miró.

—Muy bien.

—Y allí —dijo señalándole un punto vacío junto a la casa—, estoy pensando en hacer un huerto.

—¿Todo eso en tu abundante tiempo libre?

—¿Por qué no?

—¿Desde cuándo eres granjera? —le preguntó sorprendido.

—Haré lo que sea y me convertiré en lo que haga falta para que esto funcione. Si yo puedo evitarlo, nadie que no sea mi familia pondrá las manos en este rancho.

—Tu  determinación  es  digna  de  admiración  —dijo  él  deteniéndose  junto  a  la  piscina. Miró al agua cristalina y cuando se encontró de nuevo con su mirada, vió un brillo  de  algo  en  sus  ojos—.  Pero  incluso  aunque  elija  otro  lugar,  tus  ideas  son  buenas. No deberías tener ningún problema en atraer turistas.

 —No con la suficiente rapidez —dijo ella.

—¿Qué quieres decir?

Mientras hacía la pregunta, Pedro miró por encima de su hombro al agua. Cuando Paula volvió a verle los ojos, la expresión que vió en ellos la hizo temblar. Ella lo tocó en el brazo para volver a tener su atención, pero el calor del fuerte antebrazo   de   Pedro calentó   la   piel  de su  mano  y  atrajo  la  atención  de  ella.   Rápidamente retiró  la  mano  como  si  se  hubiese  quemado.  En  cierto  sentido  era  lo  que había ocurrido.

—Si no sale bien este año, el siguiente funcionará, o el siguiente —le dijo él.

 Paula negó con la cabeza.

—Dispongo de un año, después mi capital se habrá terminado. El rancho tiene que  estar   pagando sus  propios  gastos  para  entonces.  Tengo  un  presupuesto  publicitario limitado, y esta sería la mejor forma de que la gente se enterase.

—Ya  veo  —dijo  él  volviendo  a  mirar  la  piscina  de  nuevo—.  No  recuerdo  esta  piscina.

Ella  quería  decirle  que  se  olvidara  de  ese  tema  pero  no  lo  hizo.  Tenía  la  sospecha de que él acababa de recordarlo todo.

 —Es nueva —dijo ella—. ¿Vas a darme el contrato a mí?

 —El  rancho  cumple  todos  los  requisitos  —comentó  él.  De  repente  sonrió—.  Pero no quisiera meterme en nada de cabeza antes de tener todos los datos.

Paula tragó saliva.

—Los datos siempre son buenos.

—«Todos» los datos, para no hacer algo de lo que arrepentirse. No es que haya aprendido eso de tí.

Y sin avisar, la tomó en brazos como si fuese una muñeca y la sujetó por encima de la piscina.

Irresistible: Capítulo 9

—Quiero  hacer  algo  que  no  esté  tan  ligado  a  la  agricultura.  La  sequía,  y  el  precio del ganado y la comida, todo puede suponer una diferencia económica.

—¿Por qué es tan importante de repente?

 —Tengo una hipoteca.

—¿Desde cuándo? —preguntó él frunciendo el ceño—. Creía que tu padre era el dueño de la tierra. ¿Ha ocurrido algo?

—Él murió y mi madre puso el rancho en venta.

—¿Por qué?

—¿Por qué te sorprende?  —le preguntó  mientras  estudiaba  la  expresión  de  su  cara. —Tu familia es  orgullosa,  es  un  pilar de esta comunidad.   Han  sido terratenientes durante muchas generaciones y no me imaginaba que un Chaves fuese capaz de deshacerse de la tierra.

Paula suspiró.

—Mi  madre  nació  y  se  crió  en  el  norte  de  Dallas;  es  una  mujer  de  ciudad  sofisticada.  Ella  fue  feliz  aquí  cuando  mi  padre  vivía  y  se  encargaba  de  todo.  Después,  lo  echaba  de  menos  y  había  demasiados  recuerdos.  Él  heredó  la  tierra,  así  que a ella no le ataba ningún lazo emocional.

—Pero venderla estando tú aquí parece un poco duro —dijo él.

—Incluso para un Chaves—terminó ella.

—Lo has dicho tú, no yo —contestó él encogiéndose de hombros.

—No es que importe, pero ella era Chaves por matrimonio. Y  eso  que  él  era  el  que  había  hablado  de  agua  pasada  y  de  no  guardar  rencor.  Decidió que sería mejor no contar con recibir ayuda de él.

—Mi  madre  necesitaba  dinero  para  vivir  en  Dallas  —le  explicó  Paula—.  No  podía quedarse aquí y tampoco tenía recursos para marcharse. Era su única opción.

—Y tú no podías dejar que la tierra dejase de pertenecer a la familia.

Aquello no era una pregunta y ella se preguntó cómo la conocía tan bien.

—Supongo que en ese sentido soy como mi padre. Para mí significa mucho que siempre haya habido un Stevens en el rancho; unas raíces tan profundas son duras de sacar.

—A mí me ha ido muy bien sin raíces —dijo él apretando los labios.

—No te lo  estoy  echando  en  cara,  Pedro,  solo  te  explico  por  qué  estoy  yo  al  cargo ahora.

—De acuerdo, pero ¿Por qué un rancho de vacaciones?

—Me gusta la idea de tener huéspedes y poder enseñarles el modo de vida que a mí me gusta. Y... —añadió, pero se detuvo y se preguntó si se atrevería a mostrarle siquiera  un  pequeño  asomo  de  debilidad.  Pero no tenía mucho que  perder si se lo contaba.

—Creo que puedo hacer que sea rentable.

—¿Qué ocurrirá si no lo consigues?

Aquello era  algo  en  lo  que  intentaba  no  pensar.  Había  invertido  todas  sus  energías en planteamientos positivos y se decía continuamente que el fracaso no era una  opción.  Ahora  que  estaba  a  punto  de  meterse  de  cabeza,  estaba  completamente  asustada.

—¿Paula?

—Si no funciona, podría perder el rancho —dijo ella en voz baja—. Mi madre y Camila podrían ayudar, pero quiero hacerlo sola.

—Supongo que si el campeonato se celebrara aquí, conseguirías publicidad.

—Eso  es.  Si  la  gente  apropiada  tiene  una  experiencia  positiva,  la  publicidad  sería incalculable. Y eso sin mencionar... —dijo pero se detuvo.

Había tenido suerte de que él no se desternillara de risa, pero no había forma de que él la ayudase si no servía a sus propósitos también.

—¿Qué?

 —Nada —dijo ella, se dió la vuelta y comenzó a caminar hacia la casa.

Pedro caminó junto a ella.

—Dímelo.

—Primero dime tú a mí si me vas a dar el visto bueno para que se celebre aquí.

Durante un rato caminaron en silencio. Pedro se metió las manos en los bolsillos y ella recordó algo con la claridad de un rayo. Él siempre fruncía el ceño y se metía las  manos en  los bolsillos  cuando  se  concentraba en algo.  ¿Por qué tenía  que  acordarse de aquello? No quería recordar nada sobre él ni sobre lo que ocurrió en el pasado. Resultaba cruel y cómico descubrir que ella y su futuro  dependían  de  un  hombre que no sentía ningún amor por su familia, y que tenía todas las razones del mundo para quedarse de brazos cruzados y ver cómo se hundía. Ella no era la que le había hecho daño, pero tenía la sensación de que aquello no importaba y sospechaba que Pedro no tenía mucha experiencia en perdonar. Pero habían pasado diez años y todo el mundo cambia.

—¿Pedro?

Él la miró.

—Aún no me he decidido, tengo que ir a ver otro sitio.

—Al menos dime si crees que el rancho funcionará.

—Si me dices lo que me ibas a contar antes.

jueves, 30 de noviembre de 2017

Irresistible: Capítulo 8

Era  la  verdad.  Por  mucho  que  deseara  lo  contrario,  tenía  ganas  de  hacer  negocios con ella, más de las que había tenido por algo en mucho tiempo.

 —Bien —dijo ella asintiendo—. Déjame decirte que conozco esto como la palma de mi mano, y si yo conduzco tú podrás ver más cosas.

—De  acuerdo.  Y nada  me  gustaría  más  que  tener  a  una  mujer  guapa  como  chófer.

 —¿Qué te parece? —le preguntó ella.

—¿Que qué me parece? —musitó él.

Paula había estacionado la furgoneta junto al granero y fueron andando hasta los corrales. Estaban de pie uno al lado del otro con los brazos apoyados en lo alto de la valla;  él  estaba  sobre  la  tierra  y  ella  en  el primer  barrote,  por lo que tenían los hombros a la  misma  altura y el ocasional  roce  de  sus  brazos  generaba  unas  chispas  que  amenazaban  con  incendiar  el  agostado  corazón  de  Paula.  ¿Qué  ocurriría  si  dejaba que las chispas se convirtiesen en llamas?

Paula intentó con todas sus fuerzas no notar la sutil fragancia de su loción de afeitado,  o  el  calor  de  su  cuerpo.  Intentó  apartar  de  su  mente  todas  aquellas  sensaciones;  tenía  cosas  más  importantes  en  las  que  pensar,  como  conseguir  el  contrato para el campeonato u olvidar que él no era el hombre enfadado que le había dicho que besaba como una niña pequeña. Él era ahora un hombre de verdad, y ella una  mujer  que  estaba  lo  suficientemente  cerca  como  para  sentir  los  desenfrenados  efectos de su masculinidad. Se  quedó  sin  aliento  cuando  sus  miradas  se  encontraron  y no pudo  evitar preguntarse qué estaría pasando por la mente de él.

—¿Qué te parece? —repitió ella.

 —El rancho tiene buen aspecto —dijo él con cuidado—, incluso mejor de lo que yo recordaba. Has cambiado algunas cosas. ¿Me vas a hablar del proyecto en el que estás trabajando?

Quería  decirle que  no.  La  asustaba que  él  se  diese  cuenta  de  lo  mucho  que  lo  necesitaba;  ya  era  suficientemente  malo  cuando  solo  tenía  que  preocuparse  por  los  recuerdos  que  él  pudiera  tener  de  lo que  ella  hizo.  Pero  ahora  sabía  cómo  había  averiguado  él que  la chica  a  la  que  amaba,  amaba  a  otra  persona,  y  ella  sabía  mejor  que nadie lo que dolía aquello. Si  él  estuviese esperando para vengarse, en aquel   momento  tenía  la  oportunidad  perfecta:  lo  único  que  tenía  que  hacer  era  celebrar  el  rodeo  en  otro  lugar. Los planes de Paula no fallarían, pero le llevaría mucho más tiempo llevarlos a cabo, y el tiempo era su enemigo. La publicidad que le brindaría el rodeo le sería de mucha ayuda. Quizá pudiese evitar la pregunta.

—¿Qué es lo que buscas para celebrar el rodeo? —le preguntó.

Pedro se alzó el sombrero ligeramente.

 —Lo primero, muchas tierras. Hace falta sitio para un estacionamiento, además de sitio para caravanas y campistas. No estás demasiado lejos de la carretera, así que eso es una ventaja.

—¿Qué más?

—Espacio  para  tribunas  portátiles  y  casetas  de  comida,  y  un  corral  lo   suficientemente grande para celebrar los torneos.

—Lo  tengo todo  —dijo  señalando  las  zonas  delimitadas  por  las  vallas—.  Hay  tres ruedos, y uno es lo suficientemente grande como para albergar tres de los eventos.

—Ya me he dado cuenta. Lo que quiero saber es por qué.

—¿Qué? —preguntó ella.

—¿Por qué tienes tres? ¿Para qué los necesitas y por qué está la tierra tan blanda y removida? —dijo él mirándola de nuevo—. ¿Qué tienes guardado en la manga? —le preguntó.

—Haces que parezca que estoy intentando conseguir dinero rápido.

 —No quería  decir eso  —dijo  él,  se  dió  la  vuelta  para  apoyarse  en  la  valla  y  cruzó los brazos sobre su impresionante pecho.

 Para  apartar  sus  pensamientos  de  aquella  masculina  pose,  Paula sostuvo  su  mirada. Después, se bajó de la valla y se irguió.

—Estoy preparando el rancho para abrirlo al público —le dijo.

 —¿No te referirás a un rancho de vacaciones? —dijo con la misma expresión de sorpresa que cuando se cayó a la piscina.

Ella asintió.

 —Los rodeos  son  para  distintas  actividades:  montar  a  caballo,  enlazar.  Si  un  principiante se cae, es mejor que lo haga sobre tierra blanda.

—¿Por qué?

—Porque es más blanda y...

Pedro negó con la cabeza.

—Lo que quiero decir es: ¿Por qué dejar de ser un rancho de trabajo?

—Seguirá siendo un rancho de trabajo; mientras a mí me quede aliento, yo haré ese tipo de trabajo. Pero es algo que siempre he querido hacer, enseñarles lo que es el silencio  a  las  personas  que  viven  un  ritmo  de  vida  acelerado.  Dejar  que  saboreen  el  auténtico estilo de vida del oeste.

—¿Y qué más?

Ella no quería aparentar que no lo había entendido; cualquiera en Destiny podía contárselo si preguntaba.