jueves, 9 de julio de 2015

Para Toda La Vida: Capítulo 15

Con besos rápidos me quito la mezcla de la cara, mientras yo moría de la risa y hacía lo mismo con el.
-Te amo.
Esa frase me dejó helada. No fue como los "te quiero de siempre."
-Te amo Paula Chaves. - Dijo antes de capturar mis labios de nuevo.
Le devolví el beso como nunca lo había hecho. Cuando tuve que separarme de el por oxigeno, le susurre…
-Yo también te amo Pedro Alfonso. Estoy loca por tí.
Él sonrió de una manera que casi me hace caerme del mesón.
Esta vez me dió besos cortos… 1,2,3 en los labios, en la nariz, en la frente…
Junto nuestras frentes y me prometió que siempre sería así.
Uno de los momentos más hermosos que compartí con el ese verano.
Pedro era perfecto, el hombre que siempre soñé para mi. Mi verdadero príncipe azul.
Escuché como alguien cerraba la alacena y volteé con miedo.
La abuela se iba con un vaso en de jugo en la mano y una sonrisa mientras negaba con la cabeza.
La primera en felicitarme fue Mónica. Saltó encima de mi muy temprano en la mañana. Aun no sabía que habían planeado hacer para mi cumpleaños, pero tampoco importaba mucho. Este año me parecía un día cualquiera.
Me raptaron a eso de las 10 a.m. mientras leía un libro que me había regalado mamá en navidad.
Las chicas me llevaron casi arrastrada hasta la camioneta del Sr Alfonso, donde me esperaban los chicos.
Todos me felicitaron, excepto Pedro. Cosa que no comprendí.
Después de 30 minutos llegamos al lugar que habían elegido para este "día especial" y me quedé sin palabras, sin respiración y sin movimientos.
Nunca había visto algo tan hermoso. A pesar de quedar lejos (A los 30 minutos de viaje, sumenles una caminata de 10 minutos llena de rocas, arboles, y musgo por lo montaña).
El río se expandía a lo largo de la montaña. Una pequeña cascada se veía a unos metros de nuestra posición. El lugar era solo nuestro, y daba la impresión de que pronto vería venados corriendo por las montañas o un duende entre los arboles. Era simplemente increíble.
El agua era tan cristalina debido a los manantiales que se veían claramente. La arena y las pequeñas piedras en el fondo, escondite de los peces multicolores que vivían en ese lugar mágico.
La corriente se volvía algo fuerte en algunos puntos, pero donde estábamos era una piscina natural que te obligaba a quedarte ahí para siempre. Los chicos fueron a arreglar nuestro "campamento", mientras yo caminaba, intentando no resbalarme con una de las rocas.
Isabella y Mónica  ponían un mantel donde haríamos un picnic, mientras Lucas y Federico encendían una pequeña fogata, ya que creían seriamente que iban a pescar algo.
No ví a Pedro, y seguí explorando este lugar tan hermoso. Todo era natural, y te daba tanta tranquilidad que agradecí que me trajeran aquí hoy.
-Al fin solos.
Me asustó la voz de Pedro. Los chicos estaban algo lejos, así que no esperaba verlo, y mucho menos tan cerca a mis espaldas.
Tomó mi mano e intentó darme vuelta, pero no quise. Aun estaba algo molesta porque no me había felicitado.
Esta vez jaló mas fuerte y ademas de darme vuelta, hizo que chocara contra él.
Me miraba algo serio, pero en un intento de ocultar su sonrisa.
Que era tan divertido?
-Crees que lo olvidé?
-De que hablas?
Por supuesto no me respondió.
Teniendome tan cerca, y a su disposición hizo lo que quería.
Con el dedo indice a penas tocó mi barbilla y me hizo subir la cara para poder besarme. Esta vez lo hizo con calma, un beso totalmente dulce y sin ataduras. Tan simple como respirar, pero tan necesario como el aire.
Se separó de mí y cuando abrí los ojos quedé atontada. Como siempre, sus ojos café brillaban, mientras su sonrisa hacía su rostro aún mas perfecto.
-Felíz Cumpleaños.

Para Toda La Vida: Capítulo 14

Dos semanas más pasaron volando.
Mi verano estaba llegando a su tenebroso final.
Cada día lo disfrutaba como si fuese el último, y cada noche deseaba que el tiempo fuera mas despacio.
Mañana era mi cumpleaños. Había decidido no hacer nada este año. Mis padres no estaban en el país. Mi hermana no se separaba de Federico (cosa que me hacía pensar en que no solo iban a salir rotos dos corazones sino cuatro) y no iba a hacer nada en la casa sin él. Y simplemente este año no quería una de las fiestas que organizaba mi madre en Charleston.
Pedro no comentó nada más sobre mi cumpleaños, lo que me parecía extremadamente sospechoso.
Isabella me sermoneó durante días hasta que accedí a que ellos, "Hicieran algo especial."
No sabía que iban a hacer, ni donde, ni quieres estarían, y mientras Pedro dibujaba con calma y una sonrisa en su rostro, me preguntaba que había dentro de su cabeza.
Estábamos en casa, mientras los abuelos habían salido a visitar a un familiar el pueblo vecino.
Federico tocaba la guitarra, mientras Mónica tarareaba una canción. Lucas e Isabella no estaban cerca, y tampoco quise pensar donde podrían estar.
Teníamos hambre, asi que dejé de observar a Pedro, mientras dibujaba y fuí a la cocina.
Haría panquecas. Si panquecas a las 2 p.m. pero quien decía que no?
Desde la cocina no se veía la sala. Fue lo único que lamente, me hubiese encantado poder ver a Pedro desde esta dirección.
En fin… Saqué la harina de la alacena, el recipiente donde iba a hacer la mezcla, y luego los demás ingredientes.
Comencé a unirlos todos con el batidor, cuando sentí unas manos envolverme desde atrás.
Nunca  me iba a acostumbrar al cuerpo de Pedro...
-Pensé que el señor Picasso estaba inspirado.
-Lo estaba, hasta que te fuiste.
-Tonto.
-Y que haces?
-Panquecas.
-Necesitas ayuda?
-No.
-Ok, me voy.
Pedro me soltó y se dirigió a la puerta. En eso me llené un dedo de la mezcla para panquecas, corrí hacia él y le llené la cara con esa cosa viscosa.
Pedro apenas podía creerlo.
Oh no. Estaba en serios problemas…
-¡Estás en serios problemas!- Haciendo eco de mis pensamientos.
-Oh no.
-¡OH sí! Y es mejor que corras.
Le hice caso. Dí vueltas en la cocina, hasta que llegué al final y no había otra salida. ¡Maldición!
Pedro corrió hacia mí, ni siquiera pude gritar. El muy idiota me llenó de la mezcla para panquecas desde la frente hasta la barbilla.
-¡Pedro!
Pero no se quedo así. Por supuesto que no. Me cargó y me llevó  hacia el refrigerador. Subió sus manos hasta mi cabeza y me aprisionó.
-Discúlpate.
-No.
-Hazlo.
-No.
Estaba tan cerca que podía sentir su respiración, y el latir de su corazón acelerado.
Su aliento hacía que mi cabello se moviera, y sus ojos me miraban tan fijamente que me daban ganas de arrancarle la ropa ahí mismo.
No se que me pasaba. Nunca había tenido estos instintos con nadie, pero Pedro despertaba cosas en mí, que ni yo misma conocía.
Intenté besarlo pero el se apartó.
Con que este era el castigo no?
-Discúlpate.
-No lo haré. - Ahora sonreí yo. Sabia que el estaba igualmente tentado que yo, así que no iba a resistir mucho tiempo.
Pedro apenas rozaba sus labios con los míos, me estaba torturando. ¡No podía ser así!
-Lo siento. - Apenas pude susurrar antes de apoderarme de su boca.
El sonrió entre besos y me llevó cargada hasta el mesón, donde me sentó para besarme mas cómodamente. Por que cuando estábamos solos no pasaban estas cosas, y cuando no lo estábamos me daban ganas de violarlo públicamente?

Para Toda La Vida: Capítulo 13

-Bueno. - Dijo Pedro. - Comencemos de nuevo.
-Pedro, si vuelves a gritarme como aquella vez...
-Eso no va a pasar.
-Esta bien.
Respiré profundo y pisé el acelerador de la pick up del abuelo.
-No frenes!
-No estoy frenando.
-Estas frenando Paula. Esto parece una montaña rusa en vez de una camioneta.
-No estoy frenando!
-Y quien está gritando ahora?
-Ok. Lo siento.
-Vamos amor, tú puedes.
Respiré de nuevo y apreté el maldito acelerados de nuevo.
Esta vez la camioneta iba mas rápido, mucho mas rápido…
-Frenaa!
-Pero…!
-Frenaaaaaa!!!
-Ahhhhhhhhh….!!!
-¡Deja de gritar y frena! ¡Nos vamos a matar!
Pisé el freno con todas mis fuerzas y estuvimos al borde... Justo al borde de chocar contra uno de las montañas.
-Listo, me harté. - Abrí la puerta de la pick up. Me bajé y la cerré con todas mis fuerzas.
- Hey, hey, hey…
- ¡Dejame en paz!
-Yo debería ser el que está molesto. Ibas a acabar con mi vida.
-No iba a estrellarme contra la montaña! ¡No soy idiota!
-Apenas estás aprendiendo a conducir.
-¡Cállate Pedro!
El muy idiota sonreía. Pff. No lo soportaba, me causaba nauseas.
-¡¿Que es tan gracioso?!
-Que me estás gritando justo como aquella vez..
-¡Eres tan insoportable!
-Y tú tan graciosa.
-Deja de burlarte de mí Pedro!
-Sabes de que me dan ganas?
-¡No sé, pero a mí de matarte!
-De esto…
Ni siquiera lo dijo. No hacía falta. Una sola acción servía para explicar todo lo que tenía en su mente.
Me atrapó entre sus manos en cuestión de segundos. Ni siquiera me dió tiempo de huír. Al principio me resistí a su beso pero era una tortura, una carrera que iba a perder. Así que, como siempre, me derretí entre sus brazos. Estábamos tan acoplados, tan juntos, tan perfectamente diseñados…
Mientras sus labios se movían sobre los míos, sus manos descansaban en cada lado de la camioneta, obligándome a permanecer en esa cárcel tentadora.
Estábamos solos, y eso me daba la libertad de embriagarme con el sabor de sus labios. Con su aliento sobre mi piel y sus suspiros en mis oídos.
Me estremecí cuando susurro un ‘te amo’ entre besos. Pedro sabia que decir, y en qué momento, para hacer volar mi cabeza y hacerme rogar por mas.
Un camión paso tocando la bocina escandalosamente, e hizo que Pedro se separara de mí.
El hombre nos gritó algo que no vale la pena repetir, e hizo que la sangre corriera a mil por hora hacía mis mejillas.
Entre risas, nos separamos y nos subimos a la camioneta, donde Pedro conducía hasta casa.

martes, 7 de julio de 2015

Para Toda La Vida: Capítulo 12

Estaba tan enfocada en pasar este ultimo mes con Pedro, que olvidé una fecha importante en el calendario. La conversación surgió hace dos noches, cuando los chicos habían venido a cenar a casa.
-Paula?
-Sí abuela.
-Se acerca tu cumpleaños, que piensas hacer ese día? Quieres que hagamos algo acá o... ?
-Cierto! - Gritó Mónica. - Faltan exactamente dos semanas!
-En realidad no tengo nada planeado, ni siquiera recordaba que era mi cumpleaños.
-Eso ya esta cubierto. - Dijo Pedro con una sonrisa de suficiencia, que dejó a todos pensando en que rayos traía entre manos.
Lo miré confundida pero decidí olvidar el tema y seguir con mi cena.
-A que le temes? - Me preguntó Pedro, mientras me abrazaba y me sacaba de mis pensamientos.
La noche estaba hermosa. Mas que hermosa. Estaba encantadora. El cielo estaba totalmente despejado y las estrellas brillaban por todo lo alto. Habíamos decidido sentarnos en la orilla del mar a ver el cielo. Era hermoso poder estar en silencio con el sin tener que llenarlo con palabras innecesarias. Pero lo que me pregunto estaba lleno de verdadera curiosidad.
-En este instante? Le temo al futuro.
-Al futuro? - Pedro buscó mi mirada.
-Al mañana. A no saber que pasará con nosotros.
-Bueno, mañana podremos ir a…
-Pedro.
-Sé lo que quieres decir, porque yo también tengo miedo. Pero estoy seguro de lo que siento, y se que no se irá tan fácilmente. Podremos estar miles y miles de millas separados, pero tú siempre tendrás mi corazón.
-Se lo dices a todos tus amores de verano? - Le pregunté, mientras recostaba mi cabeza en su hombro y el besaba mi cabello.
-No.
-No?
-Me refiero a que esto no es un simple amor de verano.
Subí la mirada y me encontré con sus ojos hermosos. Lo miré durante el tiempo que me tomó acercarlo hasta besarlo dulcente.
Eran estos los momentos que me hacían recordar que lo amaba de una manera inexplicable. Momentos terriblemente cursis que solo se ven en una novela romántica o en una película para llorar.
Momentos inolvidables que ojala no terminaran.


María estaba sentada leyendo el diario de su abuela bajo un árbol del Central Park, cuando Max se acerco hacia ella.
-Hola María.
-Hola Max.
El mismo intercambio de palabras que últimamente podían hacer.
Su relación había cambiado desde el momento en que cada uno se dio cuenta de lo que sentí por el otro. Lo lamentable del caso es que ninguno era lo suficientemente valiente como para decirlo, o simplemente demostrarlo.
Los dos abrieron la boca, pero al mismo tiempo les dieron la palabra al otro.
-Habla tú. - Dijo Maria.
-No. Tú. - Dijo Max.
De nuevo, los dos intentaron hablar, pero se callaron. Fue uno de esos silencios incómodos que solo se pueden llenar con un beso.
Pero por supuesto eso no iba a pasar.
-Y que cuentas? - Al fin pudo decir Max.
-Nada nuevo, y tú? - Preguntó Maria con media sonrisa.
-Nada. Veo que sigues leyendo eso.
-Sí.
-De que trata?
-De mi abuela. Es su diario.
-Oye, quisieras salir al cine, o algo? Tenemos mucho tiempo sin salir.
-Max, ahora no tengo ganas. Quizás en unos días, está bien?
-Claro, claro.
De nuevo silencio.
Uno de ellos se canso primero, y fue Max, quien después de despedirse de su amor secreto se fue maldiciendo el hecho de no tener las agallas suficientes para decirle lo que sentía por ella.

Para Toda La Vida: Capítulo 11

La familia estaba reunida en el living room. Federico  tocaba el pequeño plano de la esquina, mientras Lucas y Isabella estaban sentados en el sofa. Mónica comenzo a tararear una melodía.
Mónica? Que hacía Mónica aquí? Ah cierto, salía con Federico pero en que momento llego a ser algo tan… serio? Tal vez cuando Pedro y yo nos gritábamos mientras él perdía la paciencia, mientras me enseñaba a conducir. O tal vez cuando estabamos en el faro, o cuando… Esta bien me concentraré. Mónica me sonrió al igual que Isabella y los chicos.
Una voz muy dulce se escuchó a mis espaldas.
-Pedro? Ella es Paula?
-Mama! Sí. Es ella.
Asi que esa era Ana!
-Mucho gusto Paula. Soy Ana!
-El gusto es mio Señora Alfonso.
-Oh no, no… Dime Ana.
Sonreí tímidamente y Pedro me abrazó.
Lo mismo pasó son Lucas, su padre, no hermano. Y con el adorable Martín, su hermano menor. Pasamos toda la tarde en esa casa llena de calor familiar. Despues de cenar Lucas se fue a hacer unas cosas en el estudio y Ana quiso salir con Martín. Estaba mirando por la ventana cuando Pedro  me tomó por detrás. Estaba algo aburrida así que lo empujé.  Él me miró con la expresión con mas picardía que había visto en mi vida.
-Ven aqui. - Me ordenó.
-Con un solo movimiento, me desvié de su camino, y corrí hacia el sofá donde estaban Lucas e Isabella.
-Ehmm. Chaves, por si te interesa, la habitación de Pedro es la segunda del pasillo. - Dijo Lucas intentando molestarne.
-Callate Lucas. - Apenas pude decir entre risas.
Pero no fue una mala idea, aunque la suya haya sido enteramente pervertida. Antes de hacer mi movimiento me fijé en el espacio que había entre Pedro, que estaba a punto de atraparme entre sus brazos… y el pasillo.
Calculé fríamente mi destino y corrí con todas mis fuerzas hacia la habitación de Pedro. Los chicos se reían tontamente de nuestro juego y yo no me quedaba atrás. Esta vez Pedro no me iba a ganar.
Entre corriendo a la habitación y cuando iba a cerrar la puerta, Pedro la atrapó. ¡Demonios!
Aproveché el momento y corrí hacia el armario de Pedro, que estaba abierto y se veía bastante amplio. Era mi oportunidad y no iba a desperdiciarla! Ja! Corrí y me encerré en el armario.
-Crees que estas a salvo ahí adentro?
-No me vas a atrapar Pedro. - Apenas pude decir mientras me reia.
-No estés tan segura de eso. Yo soy mas fuerte. - Con solo eso abrió la puerta de un tirón y me caí de espaldas, mientras la risa no me dejaba ni respirar. Me miraba con la misma cara llena de picardía de hace rato y con un solo movimiento me tomo con un solo brazo y me subió a uno de sus hombros. Mientras tanto, yo le golpeaba la espalda, que por supuesto no servia de nada.
Me lanzó a su cama, mientras entre risas comenzaba a hacerme cosquillas macabras.
-Ya… Pedro… Dejame…. - Apenas pude decir.
-No, no, no, tu eres mala. Ahora veras lo malo que soy yo.
-Ya no aguanto…Por… Favor… Pedro… basta!
Lloraba de la risa y mi estómago me dolía horriblemente, pero Pedro no me dejaba en paz. Así que tomé su cara como pude y estampé mis labios con los suyos. Su respuesta fue inmediata. Se acomodó sobre mí y profundizó el beso que me salvaba de la risa, pero que peligrosamente me llevaba al camino de la tentación. Habíamos descubierto que nuestros cuerpos reaccionaban como chispas y combustible en apenas segundos. Definitivamente eramos físicamente compatibles, aunque, por supuesto, no habíamos llegado mas lejos de lo que debíamos.
Me asustaba lo cómoda y a gusto que me sentía estando así con Pedro. Y estoy segura de que sería muy mal interpretado si alguien nos encontraba, pero sus besos eran adictivos, como una droga que te hacía querer mas, mas y mas.
Estaba comenzando a delirar cuando…
-Pedro. Para.
-Ehmm.. - Se aclaró la garganta - Claro, estee… salimos?
Reí antes su reacción y salimos al living room.
Creo que esa fue la primera vez en que comenzamos a ir un poco mas lejos. Era como si los besos no alcanzaran. Era extraño, y a la vez demasiado atractivo.
Si, soy una pervertida, pero Pedro era extremadamente hermoso y eso no ayudaba mucho en mi intento de controlarme.
En fin, por eso estoy aterrada de lo que siento por el, porque ya no es solo mi corazón el que lo pide, sino que mi cuerpo lo necesita. Mi mayor temor es que todo esto se esfume con mi regreso a Charleston. Pero no es tiempo de pensar en eso. Aun me queda un mes con Pedro. Un mes que pienso disfrutar como si fuese el ultimo de mi vida.

Para Toda La Vida: Capítulo 10

Dejé la cartelera a un lado y toqué el contorno de un cuaderno que había sobre la mesa. Pedro estuvo a punto de protestar pero yo levanté un dedo para callarlo, si me había traído aquí no me iba a privar de nada.
Cuando abrí el cuaderno no pude evitar sorprenderme.  Pedro me miraba inseguro desde el otro extremo de la habitación. La primera hoja del cuaderno era un dibujo tan perfectamente hecho que parecía una fotografía. El pintor había capturado exactamente la esencia del lago, los árboles, las rocas, todo. Era hermoso.
Los dibujos seguían quitandome la respiración, hasta que uno me impactó por completo.
Era yo.
-No es muy bueno, tú eres mucho mas bonita.
-Pedro... - Solo eso alcancé a decir.
-Te dije que no es bueno.
-¡Callate Pedro! ¡Eres muy bueno en esto!
Ver mi imagen era como verme en un espejo. Pedro había capturado uno de los momentos que habiamos pasado juntos en su memoria y lo había plasmado con la máxima precisión en el papel. En mi dibujo, yo estaba sentada en la arena, con mi cara suavemente recostada en mis rodillas, mientras que con mis brazos abrazaba mis piernas. Ese fue el momento en que admití que lo quería mas de lo que debía y mas rápido de lo que había pensado.
En el extremo inferior de la hoja decía:
Paula Chaves, Julio 7. 1941.
Y mas abajo, la firma de Pedro.
Había muchísimas mas cosas en la habitación, pero aun no me reponía de este detalle. Pedro me tomó del brazo y me llevó hasta una puerta, que por sorpresa no era la de la salida.
Pedro abrió la puerta de dos ejes, similar a las de un armario, y el sol entro radiante por la habitación.
Me cortó la respiración. Caminé con cuidado hacia el balcón del faro. La vista no tenía nombre. Era excesivo. Mis ojos se llenaron del azul del mar. Que era absolutamente todo lo que estaba frente a mí, ni siquiera veía la costa, pero por supuesto solo tendría que caminar hacia el otro lado del balcón que rodeaba el faro. Era hermoso, sofocantemente hermoso. Había cientos de tonalidades de azul que se iban degradando mientras mas profundo estabas. En ese instante no pude decirle a Pedro lo que pensaba, asi que con un movimiento instantáneo, lo tomé por el cuello y lo atraje con fuerza hacia mí.
Una semana. Solo una semana basto para enamorarme perdidamente de Pedro Alfonso… Es increíble, pero cierto, no fue precisamente un "amor a primera vista." Cuando lo ví por primera vez, solo quería matarlo. Fue algo así como un "amor a segunda vista." Fue como una explosión de neutrones. Como si ahora mi mundo girara en torno a él, y eso me asustaba.
Una vez leí que los amores de verano se parecen. Son como una estrella fugaz en el horizonte, con un brillo tan hermoso que casi te cega por completo. Pero llega a su final, y despues de ese titilante resplandor de luz, el horizonte vuelve a ser el mismo.
Lo nuestro era eso? Un amor de verano? Una simple estrella fugaz en el horizonte de nuestras vidas? No lo se, y realmente me aterra averiguarlo.
Ya pasaron dos meses desde mi llegada a Seabrook. Dos meses llenos de atardeceres, risas y besos llenos de ternura.
Recuerdo la tarde en que Pedro me llevó a cenar a su casa..
-Me veo bien? - Pregunté dudosa.
-Siempre te ves bien. - Aseguro regalándome una de sus sonrisas perfectas.
Entramos a la casa de la playa donde Pedro había crecido. El lugar era tan acogedor que me hacia sentir un poco mas tranquila. Pero solo un poco ya que mis nervios eran evidentemente notables.

Para Toda La Vida: Capítulo 9

Era hermoso. No, era mas que eso. Era alucinante.
Pedro siguió remando mientras yo me deleitaba con su figura. Los músculos de sus brazos contrayendose en cada movimiento. Unos 5 minutos después llegamos a nuestro destino. No se me había ocurrido que Pedro nos llevaría a ese lugar ya que formaba parte del paisaje, era un adorno en esta hermosa pintura. El faro se erguía a pesar de los años y años que llevaba construido en medio del mar. Quedé impactada con la forma en que aquella torre de luz abandonada se imponía sobre la inmensidad del océano a su alrededor. Pedro se detuvo en el pequeño muelle del faro y me ayudó a subirme antes de fijar el bote al muelle.
-Pedro que hacem… - Me interrumpió.
-Shhh. Sígueme. - Me entregó otra sonrisa radiante y me dió su mano para que lo siguiera.
A primera vista el faro estaba completamente abandonado. Eso me llevaba a preguntarme, que rayos hacíamos aquí. La entrada principal estaba completamente tapada con bloques de cemento, así que sí. Estaba cerrado el faro subí mi mirada y Pedro comprendió enseguida mi pregunta. Sin siquiera abrir la boca, me dirigió hacia una pequeña ventana en la parte trasera del faro y sonrió aun mas ampliamente.
-Se supone que entre por ahí?
-Oh sí.
-Pedro yo…
-Estoy aquí contigo. Es la única entrada y me pediste que te hablara de mí, así que, aquí estamos.
-Pero que tiene que… - Me interrumpió.
-Entra mujer!
-Esta bien, esta bien!
Con cuidado me senté en la ventana, luego subí una pierna, y luego la otra antes de lanzarme hacia dentro.
Pedro entró mucho mas fácil. Pude notar que llevaba muchísimo tiempo haciendo eso. Me pregunto si aquel día cuando estuvo en el bote... Ahí quedó el hilo de mis pensamientos en cuanto ví el interior del faro. Todo estaba lleno de polvo. Evidentemente alguien había vivido aquí.  Había una pequeña cocina, una salita y una puerta que supongo era un baño. A pesar de ser una torre el lugar era bastante amplio. Y el susurro del mar lo hacia acogedor, aunque jamas quisiera estar aquí en medio de una tormenta.
Pedro no me soltó. Me dejó apreciar lo que quedaba de la pequeña casita en el medio del mar. Me estaba acercando a la ventana cuando me detuvo y se encaminó a las escaleras.
Sentí  un salto en el estómago por el miedo a lo desconocido, pero estaba con Pedro, y ni siquiera un rayo podría asustarme mientras su mano abrigaba la mías.
Subí  con cuidado apoyada de la mano de Pedro. La puerta sonó al abrirse, pero lo que ví frente a mí no lo esperaba.
Una habitación perfectamente equipada. Pedro soltó mi mano y me dejó cureosear todo. La cama estaba perfectamente situada en el medio de la habitación, y el mobiliario parecía maltratado por la sal del mar, aun así todo lucia perfecto. Había una cartelera con decenas de recortes, fotografías, imágenes de los deseos de Pedro… Había una casa gigante, un avión, una camioneta, una foto de la torre Eiffel y del Cristo Redentor de Brasil. Había un billete de diez dólares y una foto de su familia.