Estuvimos en silencio, escuchando el sonido de las olas al chocar con la orilla hasta que pregunte
-Como lo haces?
-Hacer qué?
-Encantar a las personas.
-Te encanté a tí?
-No se supone que sabes lo que pienso?
-Se que sientes. - Pedro se puso serio. Seguí viéndolo. No quería perderme ni un segundo de su teoría.
- Se que te gusto, eso lo notaria hasta un ciego. Lo se por la forma en que me miras, por como te pones nerviosa cuando estoy cerca de tí. Y en este mismo instante te dejé sin palabras de nuevo.
-Te odio.
Pedro soltó otra de sus risas despreocupadas y se levantó.
-A donde vas? - Pregunté dudosa.
-A desayunar, y tú vendrás conmigo.
-Pero…
-Shhh, vendrás conmigo.
Volteé a ver el bote de Pedro junto a varios botes de pesca y luego mi bici fija con una cadena en el asiento que la había dejado.
Pedro me ofreció su mano. Esta vez la acepté sin dudarlo. Me estaba acostumbrando a esto… Su mano sobre la mía, sus dedos entrelazados con los míos, sus ojos mirándome, su risa encantandome…
Él, enamorandome mas en cada segundo.
***
Maria suspiró al leer esas palabras. Eran mas de las 2 a.m. Y ella seguia sin poder dejar a un lado la historia que la cautivó totalmente. Pero su vida no era tan facil, asi que apagó la luz y se quedó dormida.
-Cuéntame algo de tí. - Dijo Pedro, mientras desayunábamos en la playa con el cielo apenas claro.
-Que quieres saber?
-Todo. Absolutamente todo.
-Veamos… Nací en California, pero me crié en Charleston. Amo la fotografía y mi pasión es escribir. Estudiaré Artes en New York en invierno. Mi padre es dueño de una imprenta, y mi madre su amor eterno. Mónica es mi mejor amiga. Nunca he salido oficialmente con un chico ya que mi familia es muy recatada, y mi padre nos sobreprotege al extremo. Mi sueño es viajar por el mundo y encontrar el verdadero amor. - Pedro me miraba fijamente. Estaba tan enfrascada en mi historia que no me percate de la intensidad de su mirada. Era hermoso, y verlo así me hacía amarlo más. - Alguna otra cosa?
-Color favorito?
-Blanco.
-Día de la semana?
-Viernes.
-Me quieres?
-Por supuesto. - Las palabras salieron de mi boca sin darme cuenta. - Gracias por engañarme.
-No lo hice. Tú sola lo dijiste. - Y río como siempre lo hacía. -Yo también.
-Tu también, que?
-Yo también te quiero Chaves. Y me asusta que sea tan pronto, pero es así.
Ese día supe que lo que sentía era verdadero.
-Hoy quiero que me hables de tí. - Le dije y me encogí de hombros.
-Te lo mostraré. - Me dijo con una sonrisa confiada.
-A donde vamos? - Mientras me tomaba de la mano y me llevaba en otra dirección.
-Es sorpresa. - Sonrió aun mas ampliamente.
Subimos al bote que Pedro siempre usaba, y comenzó a remar mientras intentaba pensar a donde me llevaba.
-Me dirás a donde me llevas?
-Por supuesto que no.
-Ahhh.
Pedro me veía, el sol apenas saliente comenzaba a iluminar su rostro tallado por los ángeles. Sus ojos tenían un brillo propio y quedaban cuidadosamente enmarcados en sus espesas pestañas.
sábado, 4 de julio de 2015
Para Toda La Vida: Capítulo 7
Otro diá comenzó. El sol no entro esta vez por la ventana, anunciando el comienzo de otro día.
Me levanté de la cama y fui al balcón. El sol apenas estaba arriba y comenzaba a iluminar la playa.
Me vestí, tome mi bicicleta y salí de la casa.
Habían unas cuantas personas en el muelle, pero prácticamente estaba solo. Aun era temprano, seguramente las 6 a.m.
Me bajé de la bici, me quité mis sandalias y caminé descalza sobre la arena aun fría por la noche.
Seguí caminando con mi bici hasta dejarla segura en uno de los asientos de la avenida.
Camine, sintiendo el viento, el sol, y contemplando el inmenso azul que estaba sobre mí.
Estaba sentada en la orilla. Las olas alcanzaban solo los dedos de mis pies, cuando chocaban contra la arena mojada.
Estaba ensimismada cuando vi un bote acercarse.
El chico remaba de espaldas, y cuando se bajo para subir el bote a la playa, ví que era Pedro.
Mi corazón dió un salto y sentí frio en el estómago. Me aclaré la garganta, y miré a otro lado. La idea era que Pedro no viera que lo acosaba con la mirada.
Pero, fue prácticamente imposible. Cuando intenté verlo disimuladamente, él se reía alegremente.
Me quedé congelada al ver su risa. Juro que en ese momento sentí que todo iba a menor velocidad.
-Por que intentas esconder que me veías?
-Pedro, yo no…
-Es broma Chaves..
-Lo… Lo sé. - Reí nerviosa.
-Y de nuevo mientes.
-Quien lo dice?
-Yo.
-Por que lo dices?
-Hay formas de reconocer cuando una persona miente. - No dije nada. Pedro se sentó justo a mi lado en la arena. - Y tu cuerpo no miente.
Seguía sin hablar. Simplemente no podía hacerlo. Estaba congelada.
-No te niego que sabes disimular muy bien. Pero como ya dije, tu cuerpo te delata.
-Mi cuerpo?
-Tus mejillas. - Pedro me miró a los ojos. Sonrió de nuevo y volteó al mar. - Siempre te sonrojas.
-Te recuerdo que te conozco desde hace poco.
-Me bastan las dos situaciones en las que he estado contigo para conocerte. - Pedro volteó de nuevo hacia mí. Sus ojos buscaban cualquier movimiento que intentara hacer. - Te ví enojada. Ví como tus ojos reflejaban eso, y como tus mejillas cambiaban de color… Y bueno, también te ví cuando estaba a punto de besarte. De nuevo ví tus ojos, y tus mejillas. Y por supuesto ví de nuevo cuando me empujaste y volvió la rabia. - Pedro rió de nuevo mientras yo puse los ojos en blanco. Subí las piernas y apoyé mi cara en mis rodillas.
-Y como intentas evitar que hable de eso. - Su comentario me dió risa. Sonreí y negué con la cabeza. De nuevo recosté mi cabeza en una rodilla, pero esta vez viendo a Pedro.
-Te tengo una propuesta.
-Cual?
-Hagamos esto todos los días.
-Crees que no tengo otra cosa que hacer?
-Vamos Paula… Si tuvieses algo mejor que hacer no estarías aquí.
-Me atrapaste. - Reí. - Pero que te hace pensar que quiero estar aquí contigo todos los días?
-De nuevo, tu mirada.
Me levanté de la cama y fui al balcón. El sol apenas estaba arriba y comenzaba a iluminar la playa.
Me vestí, tome mi bicicleta y salí de la casa.
Habían unas cuantas personas en el muelle, pero prácticamente estaba solo. Aun era temprano, seguramente las 6 a.m.
Me bajé de la bici, me quité mis sandalias y caminé descalza sobre la arena aun fría por la noche.
Seguí caminando con mi bici hasta dejarla segura en uno de los asientos de la avenida.
Camine, sintiendo el viento, el sol, y contemplando el inmenso azul que estaba sobre mí.
Estaba sentada en la orilla. Las olas alcanzaban solo los dedos de mis pies, cuando chocaban contra la arena mojada.
Estaba ensimismada cuando vi un bote acercarse.
El chico remaba de espaldas, y cuando se bajo para subir el bote a la playa, ví que era Pedro.
Mi corazón dió un salto y sentí frio en el estómago. Me aclaré la garganta, y miré a otro lado. La idea era que Pedro no viera que lo acosaba con la mirada.
Pero, fue prácticamente imposible. Cuando intenté verlo disimuladamente, él se reía alegremente.
Me quedé congelada al ver su risa. Juro que en ese momento sentí que todo iba a menor velocidad.
-Por que intentas esconder que me veías?
-Pedro, yo no…
-Es broma Chaves..
-Lo… Lo sé. - Reí nerviosa.
-Y de nuevo mientes.
-Quien lo dice?
-Yo.
-Por que lo dices?
-Hay formas de reconocer cuando una persona miente. - No dije nada. Pedro se sentó justo a mi lado en la arena. - Y tu cuerpo no miente.
Seguía sin hablar. Simplemente no podía hacerlo. Estaba congelada.
-No te niego que sabes disimular muy bien. Pero como ya dije, tu cuerpo te delata.
-Mi cuerpo?
-Tus mejillas. - Pedro me miró a los ojos. Sonrió de nuevo y volteó al mar. - Siempre te sonrojas.
-Te recuerdo que te conozco desde hace poco.
-Me bastan las dos situaciones en las que he estado contigo para conocerte. - Pedro volteó de nuevo hacia mí. Sus ojos buscaban cualquier movimiento que intentara hacer. - Te ví enojada. Ví como tus ojos reflejaban eso, y como tus mejillas cambiaban de color… Y bueno, también te ví cuando estaba a punto de besarte. De nuevo ví tus ojos, y tus mejillas. Y por supuesto ví de nuevo cuando me empujaste y volvió la rabia. - Pedro rió de nuevo mientras yo puse los ojos en blanco. Subí las piernas y apoyé mi cara en mis rodillas.
-Y como intentas evitar que hable de eso. - Su comentario me dió risa. Sonreí y negué con la cabeza. De nuevo recosté mi cabeza en una rodilla, pero esta vez viendo a Pedro.
-Te tengo una propuesta.
-Cual?
-Hagamos esto todos los días.
-Crees que no tengo otra cosa que hacer?
-Vamos Paula… Si tuvieses algo mejor que hacer no estarías aquí.
-Me atrapaste. - Reí. - Pero que te hace pensar que quiero estar aquí contigo todos los días?
-De nuevo, tu mirada.
Para Toda La Vida: Capítulo 6
-Todo esto fue idea tuya!?
-Paula espera. Yo no…
-Me hiciste subirme a esa cosa para luego hacer que se detuviera y que se fuera la maldita luz para así poder hacer quien sabe que!?
Pedro fijó su mirada en mi, y luego se rió descaradamente en mi cara.
-Que te da tanta risa!?
-Que te ves adorable gritando de esa manera.
-Oh por Dios, callate Pedro.
-No lo hice a propósito. Bueno, no todo.
-La parte de detenerse y que se cortara la luz solamente?
-No, solo quise que se detuviera para que vieras todo esto. Pero la luz, juro que no fue mi intención. Me he dado cuenta de que tu suerte no es muy buena.
-Mi suerte es buena hasta que te cruzas en mi camino!
Pedro se rió de nuevo.
-Ahora que!?
-Volviste a gritar.
-Suficiente, me voy.
-No lo harás.
-Quien me lo va a impedir?
-Yo.
-Y quien eres tú para impedirlo?
-Yo soy Pedro Alfonso, y es un placer conocerte.
Y justo cuando terminó esa frase, terminó la distancia que nos separaba. Tomó mi rostro y me besó, todo esto en un segundo.
Al principio no sabía ni que pensar. Pero cuando caí en cuenta de lo que sucedía, seguí su juego. Recordé las ansias de besarlo que me habían atacado hace rato álla arriba. Nuestros labios se movían con una sincronización increíble, como si estuviesen hechos para estar juntos. Entonces recordé porque estaba molesta y con un empujón me alejé de el.
-No… Vuelvas… a hacer... esoo!
Esta vez las carcajadas de Pedro llenaban todo a mi alrededor, no lo soportaba. Estaba furiosa y su risa atacaba peligrosamente mi estado de ánimo. Era demasiado contagiosa, y antes de que pudiera reírme me dí vuelta y me fuí comprar una bebida que me aclarara la mente.
El timbre que anunciaba la entrada a clases tomo desprevenida a María, quien se encontraba profundamente sumergida en el diario de su abuela, dejando a un lado la clase de trigonometría de ese día. Max, su mejor amigo la miraba indeciso desde su asiento, hasta que se acerco a ella buscando una oportunidad.
-Hola María.
-Hey.
-Como estas hoy?
-Ehmm, bien.
-Que lees? - Arrebatandole el diario de las manos.
-Suelta, eso! - Quitandole el diario a Max.
-Esta bien, María. No sabia…
-Nunca sabes nada Max!
María tomó su mochila y se levanto de su asiento, dejando a su mejor amigo petrificado ante su reacción.
Las cosas entre María y Max eran tan simples que ni ellos mismos se daban cuenta.
Su relación era mas fuerte que una simple amistad. Se amaban mutuamente, pero cada uno estaba tan encerrado en su propio mundo y en su inseguridad que no se daban cuenta que el otro sentía lo mismo.
Días y noches de pensar en ella, días y noches de anhelarlo a él.
Esa noche dormí con una sonrisa tonta al recordar el beso de pedro.
Es increíble como una persona se roba tus pensamientos en tan poco tiempo.
El era esa clase de personas.
-Paula espera. Yo no…
-Me hiciste subirme a esa cosa para luego hacer que se detuviera y que se fuera la maldita luz para así poder hacer quien sabe que!?
Pedro fijó su mirada en mi, y luego se rió descaradamente en mi cara.
-Que te da tanta risa!?
-Que te ves adorable gritando de esa manera.
-Oh por Dios, callate Pedro.
-No lo hice a propósito. Bueno, no todo.
-La parte de detenerse y que se cortara la luz solamente?
-No, solo quise que se detuviera para que vieras todo esto. Pero la luz, juro que no fue mi intención. Me he dado cuenta de que tu suerte no es muy buena.
-Mi suerte es buena hasta que te cruzas en mi camino!
Pedro se rió de nuevo.
-Ahora que!?
-Volviste a gritar.
-Suficiente, me voy.
-No lo harás.
-Quien me lo va a impedir?
-Yo.
-Y quien eres tú para impedirlo?
-Yo soy Pedro Alfonso, y es un placer conocerte.
Y justo cuando terminó esa frase, terminó la distancia que nos separaba. Tomó mi rostro y me besó, todo esto en un segundo.
Al principio no sabía ni que pensar. Pero cuando caí en cuenta de lo que sucedía, seguí su juego. Recordé las ansias de besarlo que me habían atacado hace rato álla arriba. Nuestros labios se movían con una sincronización increíble, como si estuviesen hechos para estar juntos. Entonces recordé porque estaba molesta y con un empujón me alejé de el.
-No… Vuelvas… a hacer... esoo!
Esta vez las carcajadas de Pedro llenaban todo a mi alrededor, no lo soportaba. Estaba furiosa y su risa atacaba peligrosamente mi estado de ánimo. Era demasiado contagiosa, y antes de que pudiera reírme me dí vuelta y me fuí comprar una bebida que me aclarara la mente.
El timbre que anunciaba la entrada a clases tomo desprevenida a María, quien se encontraba profundamente sumergida en el diario de su abuela, dejando a un lado la clase de trigonometría de ese día. Max, su mejor amigo la miraba indeciso desde su asiento, hasta que se acerco a ella buscando una oportunidad.
-Hola María.
-Hey.
-Como estas hoy?
-Ehmm, bien.
-Que lees? - Arrebatandole el diario de las manos.
-Suelta, eso! - Quitandole el diario a Max.
-Esta bien, María. No sabia…
-Nunca sabes nada Max!
María tomó su mochila y se levanto de su asiento, dejando a su mejor amigo petrificado ante su reacción.
Las cosas entre María y Max eran tan simples que ni ellos mismos se daban cuenta.
Su relación era mas fuerte que una simple amistad. Se amaban mutuamente, pero cada uno estaba tan encerrado en su propio mundo y en su inseguridad que no se daban cuenta que el otro sentía lo mismo.
Días y noches de pensar en ella, días y noches de anhelarlo a él.
Esa noche dormí con una sonrisa tonta al recordar el beso de pedro.
Es increíble como una persona se roba tus pensamientos en tan poco tiempo.
El era esa clase de personas.
Para Toda La Vida: Capítulo 5
La rueda dió una sacudida y comenzó a subir. Cerré los ojos y tomé un largo respiro. Pedro soltó otra risotada. Lo miré con odio y me sonrió tiernamente.
-Relajate Chaves.
-No puedo. - Una mano estaba aferrada a una de las barandas, mientras que la otra se apretaba a mi rodilla.
Pedro puso su mano en mi rodilla y quito mi mano que debía estar a punto de congelarse.
Sus manos, fuertes pero delicadas, refugiaron la mía dandome confianza. Cuando sus dedos se entrelazaron con los míos, dejé de estar nerviosa por las razones de antes. Ahora, era por él.
Cuando seguíamos subiendo, Pedro me dijo:
-Cierra los ojos.
-Pedro?
-Confía en mí, estoy acá. Cierra los ojos.
Aun sigo sin entender como mi cuerpo seguía sus ordenes tan descaradamente.
Cerré los ojos y me concentré en la calidez que le daba su mano a la mía. En la sensación del viento en mi cabello, en mi rostro y en el resto de mi piel, en como todos los sonidos se escuchaban mas y mas lejos. La perfecta voz de Pedro me trajo a la tierra de nuevo.
-Puedes abrirlos.
Ni siquiera supe en que momento nos detuvimos. Al principio estuve a punto de sufrir un ataque nervioso, pero Pedro apretó mas mi mano y me susurró al oído.
-Relajate.
En ese momento me concentre en todo lo demás. Estabamos a decenas de metros del suelo y todo te dejaba sin respiración. El mar estaba del azul mas oscuro. El cielo lleno de principio a fin por estrellas diminutas. La luna brillando en todo su esplendor.
A lo lejos, las luces de las casas se veían diminutas. Todo dandole un toque mas especial a este momento. Volteé mi mirada para agradecerle a Pedro haberme traído aquí y quedé aun mas shockeada.
Estaba tan cerca que me tomo por sorpresa. Pude detallar claramente los lunares que decoraban hermosamente su rostro.
Su mirada estaba perdida en la mía, y de pronto la urgencia de acortar la distancia que nos separaban me tomaron desprevenida.
De pronto, las luces de toda la feria se apagaron y las personas que estaban en la rueda ahogaron un grito.
No lo niego, entre en pánico. Comencé a llorar como una *beep* y Pedro me tomó en sus brazos.
-Calma, ya va a volver la luz. Shhhh…
Sus manos iban desde mi cabello a mi espalda y me sentí la mas tonta de todas las tontas.
Habían pasado cinco minutos desde que estabámos ahí arriba. Pedro seguía tranquilizándome. Apenas podía ver su rostro en la oscuridad. Ninguno hablaba, solo se escuchaba el sonido de nuestra respiración. En ese instante ví como Pedro se acercaba peligrosamente hacia mí. Era el peor, y el mejor momento de mi vida.
Pero en ese mismo instante, la luz volvió en todo el muelle.
Nos separamos a una distancia mas prudente y menos comprometedora, aunque su mano siguió sosteniendo la mía.
Pedro me ayudó de nuevo al bajar de la rueda y cuando subí mi mirada y lo ví, pude notar que algo había cambiado en mí.
Los chicos nos esperaban abajo. Mónica corrió a abrazarme. Pedro hablaba con el chico que operaba la rueda, y por chismosa quise escuchar que le decía.
-Que tal salió todo? - Preguntó el chico.
-Digamos que bien.
-Que no hubo?
-No, ella no es…
No escuché mas, con eso me bastaba.
-Relajate Chaves.
-No puedo. - Una mano estaba aferrada a una de las barandas, mientras que la otra se apretaba a mi rodilla.
Pedro puso su mano en mi rodilla y quito mi mano que debía estar a punto de congelarse.
Sus manos, fuertes pero delicadas, refugiaron la mía dandome confianza. Cuando sus dedos se entrelazaron con los míos, dejé de estar nerviosa por las razones de antes. Ahora, era por él.
Cuando seguíamos subiendo, Pedro me dijo:
-Cierra los ojos.
-Pedro?
-Confía en mí, estoy acá. Cierra los ojos.
Aun sigo sin entender como mi cuerpo seguía sus ordenes tan descaradamente.
Cerré los ojos y me concentré en la calidez que le daba su mano a la mía. En la sensación del viento en mi cabello, en mi rostro y en el resto de mi piel, en como todos los sonidos se escuchaban mas y mas lejos. La perfecta voz de Pedro me trajo a la tierra de nuevo.
-Puedes abrirlos.
Ni siquiera supe en que momento nos detuvimos. Al principio estuve a punto de sufrir un ataque nervioso, pero Pedro apretó mas mi mano y me susurró al oído.
-Relajate.
En ese momento me concentre en todo lo demás. Estabamos a decenas de metros del suelo y todo te dejaba sin respiración. El mar estaba del azul mas oscuro. El cielo lleno de principio a fin por estrellas diminutas. La luna brillando en todo su esplendor.
A lo lejos, las luces de las casas se veían diminutas. Todo dandole un toque mas especial a este momento. Volteé mi mirada para agradecerle a Pedro haberme traído aquí y quedé aun mas shockeada.
Estaba tan cerca que me tomo por sorpresa. Pude detallar claramente los lunares que decoraban hermosamente su rostro.
Su mirada estaba perdida en la mía, y de pronto la urgencia de acortar la distancia que nos separaban me tomaron desprevenida.
De pronto, las luces de toda la feria se apagaron y las personas que estaban en la rueda ahogaron un grito.
No lo niego, entre en pánico. Comencé a llorar como una *beep* y Pedro me tomó en sus brazos.
-Calma, ya va a volver la luz. Shhhh…
Sus manos iban desde mi cabello a mi espalda y me sentí la mas tonta de todas las tontas.
Habían pasado cinco minutos desde que estabámos ahí arriba. Pedro seguía tranquilizándome. Apenas podía ver su rostro en la oscuridad. Ninguno hablaba, solo se escuchaba el sonido de nuestra respiración. En ese instante ví como Pedro se acercaba peligrosamente hacia mí. Era el peor, y el mejor momento de mi vida.
Pero en ese mismo instante, la luz volvió en todo el muelle.
Nos separamos a una distancia mas prudente y menos comprometedora, aunque su mano siguió sosteniendo la mía.
Pedro me ayudó de nuevo al bajar de la rueda y cuando subí mi mirada y lo ví, pude notar que algo había cambiado en mí.
Los chicos nos esperaban abajo. Mónica corrió a abrazarme. Pedro hablaba con el chico que operaba la rueda, y por chismosa quise escuchar que le decía.
-Que tal salió todo? - Preguntó el chico.
-Digamos que bien.
-Que no hubo?
-No, ella no es…
No escuché mas, con eso me bastaba.
jueves, 2 de julio de 2015
Para Toda La Vida: Capítulo 4
-¡Tienes que estar bromeando!
-Creo que ya me recordó. - Dijo Pedro, y al escuchar su voz, sentí algo extraño en el estomago.
Pedro se rió despreocupadamente. Su risa era tan masculina, pero a la vez tan verdadera, tan natural, tan contagiosa…
Me miró de nuevo. Su mirada era tan penetrante que a pesar de estar de espaldas podía sentirla. Me volteé en su dirección como si el me estuviese hablando telepaticamente. Al enfrentar su mirada, me sonrió de nuevo. No soportaba su sonrisa. Esa sonrisa podría convencer a alguien de saltar de un precipicio.
-Te vas a perder la diversión por un simple accidente? - Dijo él un tanto altanero.
Para cuando volteé, los chicos habían tomado su camino.
Mónica y Federico estaban quien sabe donde, mientras Isabella y Lucas iban por comida rápida.
Fantástico, que se supone que iba a hacer yo con Pedro?
Espere unos segundos mientras escuchaba las risas de la gente hasta que me harte y caminé en dirección contraria a Pedro.
-¿Por que te vas?
-No estoy divirtiéndome.
-Ni siquiera lo estás intentando.
-No tengo con quien divertirme.
-Repito, no lo estas intentando.
-Me voy a casa.
-Te perderás.
-No lo haré.
-¿Sabes llegar?
-En teoría.
-Es tarde, no vayas sola. - Esta vez su voz no era provocándome, pude ver que se preocupaba de verdad.
-Entonces voy a los juegos. - Dando vuelta y dirigiéndome de nuevo a la feria. Pedro caminaba detrás de mí, y en vez de molestarme, sonreí tontamente. Pero, por supuesto, tenia que seguir con este juego.
-¿Es tu trabajo seguirme?
-No, como ciudadano de Charleston, Carolina del Norte, tengo el deber de enseñar las cosas buenas de mi estado.
-Ahhhh.
-Ven, quiero mostrarte algo.
Pedro caminó confiado entre la multitud, con cuidado de no perderme de vista mientras pasábamos entre la gente.
Se detuvo al frente de la gigantesca rueda de la fortuna y entrego dos tickets.
-¿Vienes?
Yo estaba petrificada. Mi miedo a las alturas no me dejaba ni siquiera pensar.
-Oh, adelante. Yo… yo estoy bien.
-Oh no, vamos Paula. Sin tí no voy a subir.
-Pero…
-¿Por favor?
Me sonrió de nuevo, y me ofreció su mano (Por segunda vez en, aunque las circunstancias fueran muy diferentes).
Pedro abrió la pequeña puerta del asiento. Me ayudó a pasar, y aun sosteniendo mi mano entro él.
La rueda aun no se movía. Pedro quitó su mano y se apresuró a bajar de la rueda.
-¡Pedro! - No pude decir mas nada. El pánico me atacó.
-Espérame, no tardo.
Estaba tan asustada por una estúpida rueda de la fortuna que estaba a punto de llorar. Traté de pensar en otra cosa. Seguí a Pedro con la mirada, hasta que lo conseguí en el lugar donde estaba el chico que operaba esta cosa.
Después de decirle algunas palabras al chico, Pedro corrió hacia donde yo seguía aterrada y se sentó a mi lado.
-Creo que ya me recordó. - Dijo Pedro, y al escuchar su voz, sentí algo extraño en el estomago.
Pedro se rió despreocupadamente. Su risa era tan masculina, pero a la vez tan verdadera, tan natural, tan contagiosa…
Me miró de nuevo. Su mirada era tan penetrante que a pesar de estar de espaldas podía sentirla. Me volteé en su dirección como si el me estuviese hablando telepaticamente. Al enfrentar su mirada, me sonrió de nuevo. No soportaba su sonrisa. Esa sonrisa podría convencer a alguien de saltar de un precipicio.
-Te vas a perder la diversión por un simple accidente? - Dijo él un tanto altanero.
Para cuando volteé, los chicos habían tomado su camino.
Mónica y Federico estaban quien sabe donde, mientras Isabella y Lucas iban por comida rápida.
Fantástico, que se supone que iba a hacer yo con Pedro?
Espere unos segundos mientras escuchaba las risas de la gente hasta que me harte y caminé en dirección contraria a Pedro.
-¿Por que te vas?
-No estoy divirtiéndome.
-Ni siquiera lo estás intentando.
-No tengo con quien divertirme.
-Repito, no lo estas intentando.
-Me voy a casa.
-Te perderás.
-No lo haré.
-¿Sabes llegar?
-En teoría.
-Es tarde, no vayas sola. - Esta vez su voz no era provocándome, pude ver que se preocupaba de verdad.
-Entonces voy a los juegos. - Dando vuelta y dirigiéndome de nuevo a la feria. Pedro caminaba detrás de mí, y en vez de molestarme, sonreí tontamente. Pero, por supuesto, tenia que seguir con este juego.
-¿Es tu trabajo seguirme?
-No, como ciudadano de Charleston, Carolina del Norte, tengo el deber de enseñar las cosas buenas de mi estado.
-Ahhhh.
-Ven, quiero mostrarte algo.
Pedro caminó confiado entre la multitud, con cuidado de no perderme de vista mientras pasábamos entre la gente.
Se detuvo al frente de la gigantesca rueda de la fortuna y entrego dos tickets.
-¿Vienes?
Yo estaba petrificada. Mi miedo a las alturas no me dejaba ni siquiera pensar.
-Oh, adelante. Yo… yo estoy bien.
-Oh no, vamos Paula. Sin tí no voy a subir.
-Pero…
-¿Por favor?
Me sonrió de nuevo, y me ofreció su mano (Por segunda vez en, aunque las circunstancias fueran muy diferentes).
Pedro abrió la pequeña puerta del asiento. Me ayudó a pasar, y aun sosteniendo mi mano entro él.
La rueda aun no se movía. Pedro quitó su mano y se apresuró a bajar de la rueda.
-¡Pedro! - No pude decir mas nada. El pánico me atacó.
-Espérame, no tardo.
Estaba tan asustada por una estúpida rueda de la fortuna que estaba a punto de llorar. Traté de pensar en otra cosa. Seguí a Pedro con la mirada, hasta que lo conseguí en el lugar donde estaba el chico que operaba esta cosa.
Después de decirle algunas palabras al chico, Pedro corrió hacia donde yo seguía aterrada y se sentó a mi lado.
Para Toda La Vida: Capítulo 3
María nunca se había sentido bien en su mundo. Era de esas personas que siguen el día a día con rutinas. Respirar por respirar, en vez de vivir momentos que te dejen sin respiración.
María era una chica normal, con amigos normales y tardes normales frente a un libro normal.
Sus mejores amigos eran sus confidentes y su habitación: Su refugio. A sus 17 años, no había experimentado las bellezas de la vida.
Pero el destino estaba preparado para cambiar eso.
Leer el diario de su abuela la haría cambiar su perspectiva del mundo. Y todas las cosas que sabia de la vida comenzaron a cambiar esa misma noche.
***
Pasamos el resto del día en la playa. Mi mal humor se esfumo en cuanto conocimos a Lucas, el prometido de Isabella. El chico era una de las personas mas carismáticas y amables que pude haber conocido en mi vida. Su hermano Federico también estuvo con nosotras, aunque era un poco mas timido que Lucas. Federico nos contó acerca de sus deseos de ser músico, y de cada uno de sus talentos.
El día siguió sin incidentes que empeoraran mi humor, recientemente mejorado.
Después de cenar, Mónica y yo nos quedamos en el columpio que estaba en el patio trasero a hablar antes de dormir.
-Hermana. - Dijo algo temerosa.
-Sí?
-Si te digo algo, me crees?
-Hmm. Por que no?
-Me gusta Federico.
-Que Federico?
-Federico, el hermano de Lucas.
-¡Mónica! Apenas lo conociste.
-Lo se, pero me gusta.
-Y que haras al respecto?
-Nada. Dejaré que las cosas se den por su propio rumbo.
-Suerte con eso pequeña.
Después de hablar un rato mas sobre Federico, nos fuimos a la cama.
De nuevo me desperté con una luz cegadora en la cara y me dí vuelta, mientras maldecía igual que la mañana anterior.
Mi verano se estaba tornando rutinario y tenía que encontrar algo que hacer.
En la mañana ayudamos a la abuela con el jardín y luego con el almuerzo. Lucas paso en la tarde para invitarnos a la feria esta noche, y las tres aceptamos… Mónica e Isabella por motivos románticos. Yo, por pura amabilidad y agradecimiento.
La noche estaba perfecta, mucho mas hermosa que las anteriores. Las estrellas brillaban en lo alto del cielo y la luna casi llena se imponía ante nosotros.
El muelle estaba lleno de gente. Familias enteras disfrutando de la feria, parejas compartiendo un momento intimo entre la multitud y amigos derrochando su dinero por diversión.
El ambiente estaba inundado de alegría. Las risas y los gritos aturdían, pero como dije, todo era perfecto.
En la entrada del muelle pude ver a Federico y a Lucas acompañados por otro chico. No logré reconocerlo ya que estaba de espaldas, pero un segundo después, quise irme corriendo de ese lugar.
-Hola chicas. - Dijo Lucas. Nos saludo a cada una, dejando a Isabella para el final, y apretándola en un fuerte abrazo y un caluroso beso.
Federico fue un tanto mas tímido, pero aun así, su mirada era tan intensa que hasta Mónica se dió cuenta de su interés hacia ella.
Lucas interrumpió su escena romántica con Isabella para hablar.
-Chicas, el es nuestro hermano, Pedro.
El chico que había notado antes pero que por un momento se había vuelto invisible, se acerco un poco mas hacia nosotras.
Las luces de los juegos mecánicos iluminaban su rostro, su cabello, su cuello, su espalda, sus piernas…
Deje de observarlo de esa manera tan inapropiada y me concentré en sus rasgos, perfectamente delineados. Sus ojos cafés brillando en la luz y mirándome fijamente. Su naríz perfilada, sus labios carnosos enmarcaron una sonrisa. Una sonrisa peligrosa, que me dejo sin aliento. Pero el cabello negro fue el que me recordó donde lo había visto antes.
María era una chica normal, con amigos normales y tardes normales frente a un libro normal.
Sus mejores amigos eran sus confidentes y su habitación: Su refugio. A sus 17 años, no había experimentado las bellezas de la vida.
Pero el destino estaba preparado para cambiar eso.
Leer el diario de su abuela la haría cambiar su perspectiva del mundo. Y todas las cosas que sabia de la vida comenzaron a cambiar esa misma noche.
***
Pasamos el resto del día en la playa. Mi mal humor se esfumo en cuanto conocimos a Lucas, el prometido de Isabella. El chico era una de las personas mas carismáticas y amables que pude haber conocido en mi vida. Su hermano Federico también estuvo con nosotras, aunque era un poco mas timido que Lucas. Federico nos contó acerca de sus deseos de ser músico, y de cada uno de sus talentos.
El día siguió sin incidentes que empeoraran mi humor, recientemente mejorado.
Después de cenar, Mónica y yo nos quedamos en el columpio que estaba en el patio trasero a hablar antes de dormir.
-Hermana. - Dijo algo temerosa.
-Sí?
-Si te digo algo, me crees?
-Hmm. Por que no?
-Me gusta Federico.
-Que Federico?
-Federico, el hermano de Lucas.
-¡Mónica! Apenas lo conociste.
-Lo se, pero me gusta.
-Y que haras al respecto?
-Nada. Dejaré que las cosas se den por su propio rumbo.
-Suerte con eso pequeña.
Después de hablar un rato mas sobre Federico, nos fuimos a la cama.
De nuevo me desperté con una luz cegadora en la cara y me dí vuelta, mientras maldecía igual que la mañana anterior.
Mi verano se estaba tornando rutinario y tenía que encontrar algo que hacer.
En la mañana ayudamos a la abuela con el jardín y luego con el almuerzo. Lucas paso en la tarde para invitarnos a la feria esta noche, y las tres aceptamos… Mónica e Isabella por motivos románticos. Yo, por pura amabilidad y agradecimiento.
La noche estaba perfecta, mucho mas hermosa que las anteriores. Las estrellas brillaban en lo alto del cielo y la luna casi llena se imponía ante nosotros.
El muelle estaba lleno de gente. Familias enteras disfrutando de la feria, parejas compartiendo un momento intimo entre la multitud y amigos derrochando su dinero por diversión.
El ambiente estaba inundado de alegría. Las risas y los gritos aturdían, pero como dije, todo era perfecto.
En la entrada del muelle pude ver a Federico y a Lucas acompañados por otro chico. No logré reconocerlo ya que estaba de espaldas, pero un segundo después, quise irme corriendo de ese lugar.
-Hola chicas. - Dijo Lucas. Nos saludo a cada una, dejando a Isabella para el final, y apretándola en un fuerte abrazo y un caluroso beso.
Federico fue un tanto mas tímido, pero aun así, su mirada era tan intensa que hasta Mónica se dió cuenta de su interés hacia ella.
Lucas interrumpió su escena romántica con Isabella para hablar.
-Chicas, el es nuestro hermano, Pedro.
El chico que había notado antes pero que por un momento se había vuelto invisible, se acerco un poco mas hacia nosotras.
Las luces de los juegos mecánicos iluminaban su rostro, su cabello, su cuello, su espalda, sus piernas…
Deje de observarlo de esa manera tan inapropiada y me concentré en sus rasgos, perfectamente delineados. Sus ojos cafés brillando en la luz y mirándome fijamente. Su naríz perfilada, sus labios carnosos enmarcaron una sonrisa. Una sonrisa peligrosa, que me dejo sin aliento. Pero el cabello negro fue el que me recordó donde lo había visto antes.
Para Toda La Vida: Capítulo 2
Me desperté con un rayo de luz que casi me dejaba ciega. Cuando ví la hora maldije el hecho de no haber cerrado la ventana.
La abuela había preparado el desayuno. Estaba sirviendo los wafles cuando entre a la cocina la ayude con lo que faltaba, y cuando bajó Mónica, desayunamos juntos.
Habían pasado 40 años desde que mis abuelos se enamoraron y aun se tomaban de la mano mientras desayunaban.
Se miraban de una manera tan tierna y envidiable que cualquier persona soñaría con experimentar alguna vez.
Mónica y yo quisimos ir a la playa esa mañana. El sol brillaba en lo alto del cielo. En el muelle habían pequeñas tiendas improvisadas donde vendían todo tipo de comida, y decenas de hombres trabajaban duro para terminar los juegos que se estaban construyendo.
Al parecer, la feria comenzaría esta noche.
-Hey extrañaaaas! - Escuché gritar a mi espalda.
Nuestra tía de 22 años estaba detrás de nosotras.
-Isabellaaa! - Gritó Mónica con entusiasmo. - Hey tía. - Dije yo.
-Nunca me llames así en publico.
-Lo recordaré. - Y reí notablemente.
-Las extrañé chicas. Este verano será ¡increíble!
-Lo dice una mujer comprometida sin derecho alguno a divertirse? - Pregunté.
-Ha-Ha-Ha. Muy graciosa. En serio chicas. Tengo tantas cosas planeadas para ustedes que sencillamente jamas olvidaran este verano.
Ya estábamos en la playa cuando de pronto sentí como alguien chocaba de frente contra mí, y me hacía estamparme de espaldas contra la arena caliente. Abrí los ojos con cuidado para encontrarme con el idiota que me había arrollado.
El chico alto, delgado y de cabello negro me ofreció su mano para levantarme. Una mano que ignore y me levanté sola. Isabella intercambió algunas palabras con el chico, pero para ese momento yo ya estaba alejándome de ahí mientras limpiaba la arena que había entrado hasta mis oídos.
Estaba enojada, y si así comenzaba mi verano, ya quería que terminara.
Me acerqué a la baranda del mirador del muelle y traté de calmarme.
Cuando estaba un poco mas tranquila volví a la playa donde estaban las chicas, sin decir ni una palabra.
-Te calmaste? - Preguntó Isabella.
-Si. - Respondí, aunque realmente seguía molesta por esta tontería.
-No parece. - Acotó Mónica.
-Tengo que irme de nuevo o superaran el tema?
-Hahahaha.. Ya basta Paula. Vamos a divertirnos.
No me quedo otra mas que sonreír y olvidar el tema.
Mi celular comenzó a sonar, trayéndome a un mundo mas moderno. Uno al que nunca sentí que pertenecía.
"Y sin embargo pienso que este no es mi lugar, que todo es un relleno y nadie vive de verdad"
La abuela había preparado el desayuno. Estaba sirviendo los wafles cuando entre a la cocina la ayude con lo que faltaba, y cuando bajó Mónica, desayunamos juntos.
Habían pasado 40 años desde que mis abuelos se enamoraron y aun se tomaban de la mano mientras desayunaban.
Se miraban de una manera tan tierna y envidiable que cualquier persona soñaría con experimentar alguna vez.
Mónica y yo quisimos ir a la playa esa mañana. El sol brillaba en lo alto del cielo. En el muelle habían pequeñas tiendas improvisadas donde vendían todo tipo de comida, y decenas de hombres trabajaban duro para terminar los juegos que se estaban construyendo.
Al parecer, la feria comenzaría esta noche.
-Hey extrañaaaas! - Escuché gritar a mi espalda.
Nuestra tía de 22 años estaba detrás de nosotras.
-Isabellaaa! - Gritó Mónica con entusiasmo. - Hey tía. - Dije yo.
-Nunca me llames así en publico.
-Lo recordaré. - Y reí notablemente.
-Las extrañé chicas. Este verano será ¡increíble!
-Lo dice una mujer comprometida sin derecho alguno a divertirse? - Pregunté.
-Ha-Ha-Ha. Muy graciosa. En serio chicas. Tengo tantas cosas planeadas para ustedes que sencillamente jamas olvidaran este verano.
Ya estábamos en la playa cuando de pronto sentí como alguien chocaba de frente contra mí, y me hacía estamparme de espaldas contra la arena caliente. Abrí los ojos con cuidado para encontrarme con el idiota que me había arrollado.
El chico alto, delgado y de cabello negro me ofreció su mano para levantarme. Una mano que ignore y me levanté sola. Isabella intercambió algunas palabras con el chico, pero para ese momento yo ya estaba alejándome de ahí mientras limpiaba la arena que había entrado hasta mis oídos.
Estaba enojada, y si así comenzaba mi verano, ya quería que terminara.
Me acerqué a la baranda del mirador del muelle y traté de calmarme.
Cuando estaba un poco mas tranquila volví a la playa donde estaban las chicas, sin decir ni una palabra.
-Te calmaste? - Preguntó Isabella.
-Si. - Respondí, aunque realmente seguía molesta por esta tontería.
-No parece. - Acotó Mónica.
-Tengo que irme de nuevo o superaran el tema?
-Hahahaha.. Ya basta Paula. Vamos a divertirnos.
No me quedo otra mas que sonreír y olvidar el tema.
Mi celular comenzó a sonar, trayéndome a un mundo mas moderno. Uno al que nunca sentí que pertenecía.
"Y sin embargo pienso que este no es mi lugar, que todo es un relleno y nadie vive de verdad"
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